Lo cierto en este punto ciego es una mezcla de inexactitudes y conjeturas varias que me llenan de constricción en el estómago, de un desasosiego que me recorre la columna en forma de escalofrío y no me permite a pesar de mis esfuerzos colocar la mirada en distracción alguna.
Es que no logro evitar desoir a la voz de mi percepción, de esa hipersensibilidad que muchas veces quisiera no poseer o al menos restarle unos cuantos créditos. Son como estos los momentos en que estallaría de dicha solo con la posibilidad remota de sumergirme en la ignorancia total, de ser parte del común denominador de quienes desconocen y no se preocupan en conocer, de quienes la sola ausencia de perturbación les es condición suficiente para bajar la guardia y contentarse con la cuenta regresiva hacia una nueva bofetada.
Mi psique y mis músculos maltrechos dan testimonio vivo de lo que he sido forzada a soportar, al modo indecoroso y hasta ignominioso en que lucho contra esta entidad interna que quiéreme arrastrar hacia lo más oscuro y repugnante de mis impulsos, de lo que a gritos me grita la consciencia y que me persiguiese hasta en las más indeseosas pesadillas. Pero al llevar a cabo todo ese esfuerzo sobrehumano, al desobedecer a lo esencialmente propio, al darle la espalda a todo aquello que me ha definido, qué es exactamente lo que he ganado?
Solo he aprendido a contar de a decenas los espacios vacíos, a registrar en calendarios las ausencias, a dar cuenta de nuevas e incrementadas restricciones. Cada vez son más las ocasiones en que me debo de ocultar, en que corro con las prisas de no ser descubierta, de fugarme como criminal pagando por una culpa que no me pertenece. De qué trofeo puedo jactarme si todo lo que hago es reprimirme?
El tiempo que transcurre ya no sabe qué contestar cuando le pregunto si esto lo vale, si realmente el sacrificio y el empeño que cada vez me cuesta más sudor y lágrimas será recompensado por aquella dicha que anhelo.
Lo que me ha enseñado este transcurso de los días es que la palabra "Justo" no ha sido ni será un concepto que jamás haya de ajustarse a mi cotidianeidad, porque no hubo nadie que haya dado cuenta de lo que pesa llevar estos zapatos, de lo mucho que cuesta caminar con esta piedra encadenada a los tobillos, ni de cómo se logra continuar a pesar de saber de facto que esas voces no van a callar, que la tortura no termina, sólo se oye un poco más bajo..