Hace años, y hace dos semanas con más intensidad, me pregunto qué me retiene. Y ya no me conformo con las respuestas fáciles, el sexo, la complicidad, la comodidad, el signo zodiacal. Porque la época, el posmodernismo, la muerte de Dios, el nihilismo y la desesperanza características de un siglo XXI tendiente al consumo me hubiese llevado a abandonar ante el mínimo indicio de frustración. Y, seamos sinceros, desde el momento 0 fueron más pálidas que cálidas, inicialmente por mi rictus perfeccionista, después por tu empuje a lastimarme.
Y hace un rato, literalmente hace 20 minutos, y después de una película, llegue a la conclusión: lo que me ata es paradojicamente la mentira. Después de que nos citamos en ese Mc Donald's y te dije "no me gusta como me tratas, no quiero verte más a solas" todo se trató de cumplir mi fantasía más deseada, como una nena a la que llevan a Disney. Todo se trató de construir un "pedestal", de chaucha y palitos, pero uno al fin. Recuerdo que me confesaste haber leído mis cuestionarios en notas de facebook, publicabas estados públicos sobre mi perfume, y de un momento a otro el aire comenzó a poblarse de enunciados superlativos. Y si, puse todo el material a disposición desde el inicio, porque soy transparente y se me nota, seguramente haya un gesto, un guiño, una forma particular de posicionar los brazos o las manos, o un músculo o venita que se mueve de un modo único con un halago.. aunque más que halago, una adulación.
Siempre fue mi sueño, ser la única, la inolvidable, la más bondadosa, la más inteligente, la más linda, la más graciosa, la más eficiente, la mejor, mejor que todas, mejor que cualquiera. Histeria y más histeria, agujerear al otro, ser quien cubre el agujero, ser LA ÚNICA que lo completa. Y vos me lo diste, aunque siempre fue medio inverosímil que todo lo que decías fuera cierto, era mi deseo más preciado, mi motus vivendis. Y aunque fuera obvio que no lo era, porque los hechos son concretos, y fríos, y contradecían tus palabras, tengo una facilidad muy grande para hacerme la boluda, aunque a veces no aguanto y tengo que confrontar.
Yo no me enojaba porque me metieras los cuernos, ni porque me mintieras, sino porque lo hacías sin cuidado, porque lo podía percibir, porque había algo que yo no puedo poner en palabras, porque no sé si tiene un nombre, "presentimiento" es demasiado esotérico. Me daba cuenta, y no me gustaba darme cuenta. "Loco, ¡¿podes fingir un poco mas?!"
Ahora, si es que lo estas haciendo, lees esta sarta de enunciados aparentemente inconexos o tirados de los pelos, pero yo lo recuerdo bien, una vez te lo dije de forma explícita "Podría haberme quedado toda la vida acá, al lado tuyo"; fue esa madrugada que llegue llorando porque dos personas distintas, en días contiguos, me habían dejado plantada, clavado el visto, había pasado a ser nadie, nada. Esa sensación de resto, de nulidad, de despersonalización, es la que se hizo carne hace dos semanas.
"No sos nada para mí" pronunciaste y lo volviste real. Ya no te gastaste en seguir con el discurso, con el relato, y me cortaste la atadura. Me confrontaste con un real del que las palabras me mantenían a salvo, me mostraste los hilos. Y ahora es todo tan claro, y quema, como la luz cuando a Homero le despegan el balde de la cabeza. Incluso ese día más tarde, antes de dormir, dije para mis adentros "para qué dijiste eso, Diego, si estábamos tan bien hacia 5 minutos".
Si lo decís se vuelve cierto, si es cierto ya no me puedo esconder. Me toca confrontarme con mi lugar de resto, de desecho, que ya estaba medio evidente. Me sacas de mi lugar de confort, de mi mundo ideal, y ahora tengo que hacerme cargo de que por muy forro que hayas sido conmigo, yo decidí quedarme con las palabras, con el discurso, con los superlativos, para asegurarme un lugar, o mejor dicho EL lugar.
Pero, si lo pienso racionalmente, vos tenes derecho de desatarme, de liberarme, de sacar el velo y revelar "la verdad", tenes derecho a librarte de mí. Y yo, supongo, tendré que soltar los sueños infantiles. No soy LA mujer, pero tampoco soy nada. Soy alguien, soy una persona, una persona más como cualquiera. No hay posibilidad alguna de que sea la única, la inolvidable, la más bondadosa, la más inteligente, la más linda, la más graciosa, la más eficiente, la mejor. Voy a iniciar mi camino, dejando la ambición de ser extraordinaria y desafiarme a ser feliz como una mujer ordinaria.
Y por eso me despido, porque vos no me dejas ser ordinaria, para vos soy nada, como lo fui desde el día que nos conocimos. No tengo valor para tus ojos. En tu mirada no merezco ni el respeto de un par. Y ya no hay palabras que recubran la nada. Un beso, buenas noches.
Y por eso me despido, porque vos no me dejas ser ordinaria, para vos soy nada, como lo fui desde el día que nos conocimos. No tengo valor para tus ojos. En tu mirada no merezco ni el respeto de un par. Y ya no hay palabras que recubran la nada. Un beso, buenas noches.
Nota: Por si no adivinaste, lo publique en el blog también. Finalmente, uno específicamente con tu nombre de la D a la O.