jueves, 22 de noviembre de 2018

Unidad Imaginaria

Estoy abusando un-poco-mucho del psicoanalisis, es como el ancho de basto que te ayuda a ganar siempre, aunque ganar siempre no implique necesariamente un sentimiento de satisfacción. Al menos mi psique funciona de maneras ambiguas, y no porque posea dotes o mecanismos distintos del resto, sino porque simplemente decidí aceptar mis contradicciones y asumir que no siempre actúo bajo el influjo del bien mayor, o al menos no al bien mayor social-idealmente esperado. Hago como me plazca, no siempre por placer.
Entonces, la cuestión acá es que de nuevo siento ese cosquilleo que sube por mi estomago, por el esófago. A pesar de la belleza nula de la metáfora, es un sentir comparable a la previa del vómito. En este caso, un vómito-letra, vómito-palabra (representaciones-palabras... basta!). Y vengo, y parte de mi no quiere, por orgullo, por necedad, porque algún resabio fantaseoso queda dando vueltas por mucho que lo ignore, y por momentos siento que lo que acá vuelco llega a algún par de ojos que siempre se siente interpelado. Y si, no soy la única persona egocéntrica del planeta, esa era precisamente la gracia del asunto. Pero tampoco voy a ahogar este impulso, porque me alimenta, porque me sacia al menos por un rato, y ademas, ensancha las cavidades de mi vanidad. Nada mas autobombo que leer una y otra vez algo que pareciera deliciosamente escrito, por más putrefacto que huela, lo importante es el dote de realidad psíquica, todo lo que ayude a seguir estructurando la imagen, el imago, la unidad especular.
Aconteció mucho, a pesar de que uno o dos hayan sido los detonantes de mi encuentro con la pantalla, y creo que hoy caigo. Y si, soy redundante, porque en muchas conversaciones que he tenido con otros lo dije, y lo ratifique. El armado de una estructura, incompleta, pero unida, es un cambio radical. Y es un poco aburrido también, no se malentienda, no es que haya una nostalgia hacia el caos o la desazón, pero era mi modus vivendi, es difícil aprender a vivir cuando ya llevas haciéndolo por inercia durante 25 años. Peor se torna cuando ese aprendizaje es diametralmente opuesto al anterior, hasta ahora estuve contando con porotos, y ahora uso formulas, raíces, mezclo y me mareo, pero busco expandir, ampliar, conocer. Es hambre, ya no es voracidad.
Digo que abuso del psicoanalisis pero sin intelectualizar demasiado. Lo uso como poema, como herramienta prosáica, como poesía. El éxtasis que me dispara poder armar paralelos, poder encajar discursos, y vocablos. Me siento muy cerca del edén académico, o al menos lo de la imagen que se me formó en la adolescencia. Eso me pasa seguido, me corro, me voy, y me cuesta volver o decodificar. Pero no me aíslo, no me encierro. Estoy permeable.
Erguida hacia otro polo. Paisaje distinto, aunque en el mismo lugar, es otro el aire, es diferente el oxigeno. Corté. Aparté, pero no sangré. Y ese es mi punto final. Es el punto final de este hilo lógico, de este relato errático, de esta asociación libre. Porque esto soy ahora, una unidad que solo yo veo y que mi imaginario puede sostener.