Me hallo donde no quisiera volver, donde no consentí venir, al sitio donde hartos esfuerzos hice para no pisar, pero siempre resulta así mi andar, en este amargor. Ya ni el sonido de la lluvia sobre las tejas calma mi pulso, ni el choque de mis botas con el charco ni el agua drenando entre mis cabellos, empapando mi entereza y arrastrando hasta el suelo los vestigios de quien alguna vez fui.
Es lo que sucede cuando ya no quedan más que restos putridos, en eso me convertí.. me convirtieron. Drenaron de mí a costa de engaños y manipulación todo aquello en lo que creía, lo que defendía, mis convicciones, mis principios, mi identidad. Me arrebataron la bondad, el interes en las personas, mis ideas, mis ambiciones, mis valores, el amor por la vida. Hasta las lágrimas me robaron, porque ya no tengo fuerzas siquiera para llorar, solo gritos ahogados salen de mí, desgarrados, qué solo articulan una pregunta: ¿Por qué?
Por qué no valoraron todo lo que sacrifiqué, por qué no me dijeron que no era correspondida, por qué no me dejaron ser libre cuando pudieron, por qué se rieron de mi, por qué tuve que sentir ese amor enfermo, por qué debo sentir este dolor..
Lo particular es que en esta oportunidad no tengo deseos bondadosos, no tengo buenos deseos, ni auguro un buen porvenir, ¿cuál será la causa? Simplemente no lo logro, no concibo preveer el bienestar futuro de quien no ha podido siquiera darme un buen presente, de quien no ha entendido jamás el concepto de reciprocidad, de quien nunca ha hecho honor a la paciencia y lealtad que le han conferido, ni tampoco a la contención y comprensión con que se lo ha tratado..
ME MATÓ, mató todo lo que era, la persona que me esforcé y enorgullecí de haber alcanzado ser, se llevó hasta la última gota de mi esencia, todos mis progresos, mis méritos, mi salud, mi ingenuidad. Es por eso que ya no reconozco mis deseos, porque ya no sé por qué respiro, por qué camino, por qué sigo viviendo sin vivir, andando sin saber hacia dónde, llorando sin lágrimas, gritando sin voz.. Ya no soy, ya no existo, ya no hay un Yo, no hay un Hoy, no hay Ayer, no hay Mañana, no hay quien busque avanzar, ni recordar, ni continuar porque ya no existe un Quién, no existe Natasha.
Y cómo ya la eliminaron, sólo resta este dolor, este hueco vacío que parece nunca se sellará, y este solo pide no hacerle honor a una sola persona. Ya que Natasha no existe, no existe más su condescendencia, y ahora solo se alberga en ese cuerpo inerte la esperanza de que la lluvia no cese, que cada golpe del viento te traiga su recuerdo como una punzada, que cada charco refleje tu propia miseria, que nunca olvides ese nombre, y que esas 7 letras te duelan de por vida, porque más injusto que hacerme sufrir y asesinarme sería que vos no sintieras ni una gota de remordimiento.
"Detrás de este triste espectáculo de palabras tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no haya muerto del todo en tu memoria." - Julio Cortázar
jueves, 22 de mayo de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
Last one
Ha pasado anteriormente, y no sé si sea la sorpresa, o el momento, todos los recuerdos que quedan impresos, pero siento estremecer. Tiemblan cada uno de mis músculos, consiguiendo aún así un mínimo dominio de las falanges para poder encontrarme tipeando. Frío corriendo por la espalda, lágrimas brótando y bañando las mejillas, un nuevo agujero en el pecho.
Torpe fue mi reacción, me vi presa de la impaciencia, la ansiedad no siempre es buena consejera. Sola, buscando refugio en la oscuridad, clamando a las deidades por fortaleza, por contener todos los lamentos guardados a presión dentro de mí que pugnan por dominarme. Rogué inutilmente por compostura, por conciliar el sueño cuando menos unas horas, no era demasiado. Pero el teléfono seguía sin sonar y no había donde depositar esta amargura que me causa repulsión.
Formulé aquello que no quería, me ruborizo con solo tenerlo en cuenta, sólo imaginar nuevamente esas noches en vela, esas reacciones reflejos, la ausencia de dicha, nuevamente soltando la felicidad. Me resistí a la idea de pasar mis días nuevamente de esta manera, sintiendo este dolor, encontrando nuevamente vacío el lugar junto a mí, como si no hubiese destino alguno distinto al que siempre me golpea en la cara.
No obstante, fui cobarde. No me atrevo a ver de inmediato esa respuesta, sea cual fuere, porque aunque mi expectación ha de inclinarse las más de las veces por el escenario trágico, nunca se puede dimensionar, a pesar de las reiteradas veces que se atraviesa, la tortura que nos depara el porvenir.
Ya que he de padecer de todas formas, ha imperado el deseo de concederme un último momento de credulidad, de falso sosiego, una última noche de buenos recuerdos sin teñir de rencor, un último sueño esperanzador. Me he concedido las últimas lagrimas injustificadas, el último halo de sospecha, una última estimación. Y a pesar de que te quiero de la forma en que no hubiese deseado jamás, el destino es irrevocable, vos no a mi.
Torpe fue mi reacción, me vi presa de la impaciencia, la ansiedad no siempre es buena consejera. Sola, buscando refugio en la oscuridad, clamando a las deidades por fortaleza, por contener todos los lamentos guardados a presión dentro de mí que pugnan por dominarme. Rogué inutilmente por compostura, por conciliar el sueño cuando menos unas horas, no era demasiado. Pero el teléfono seguía sin sonar y no había donde depositar esta amargura que me causa repulsión.
Formulé aquello que no quería, me ruborizo con solo tenerlo en cuenta, sólo imaginar nuevamente esas noches en vela, esas reacciones reflejos, la ausencia de dicha, nuevamente soltando la felicidad. Me resistí a la idea de pasar mis días nuevamente de esta manera, sintiendo este dolor, encontrando nuevamente vacío el lugar junto a mí, como si no hubiese destino alguno distinto al que siempre me golpea en la cara.
No obstante, fui cobarde. No me atrevo a ver de inmediato esa respuesta, sea cual fuere, porque aunque mi expectación ha de inclinarse las más de las veces por el escenario trágico, nunca se puede dimensionar, a pesar de las reiteradas veces que se atraviesa, la tortura que nos depara el porvenir.
Ya que he de padecer de todas formas, ha imperado el deseo de concederme un último momento de credulidad, de falso sosiego, una última noche de buenos recuerdos sin teñir de rencor, un último sueño esperanzador. Me he concedido las últimas lagrimas injustificadas, el último halo de sospecha, una última estimación. Y a pesar de que te quiero de la forma en que no hubiese deseado jamás, el destino es irrevocable, vos no a mi.
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