jueves, 22 de noviembre de 2018

Unidad Imaginaria

Estoy abusando un-poco-mucho del psicoanalisis, es como el ancho de basto que te ayuda a ganar siempre, aunque ganar siempre no implique necesariamente un sentimiento de satisfacción. Al menos mi psique funciona de maneras ambiguas, y no porque posea dotes o mecanismos distintos del resto, sino porque simplemente decidí aceptar mis contradicciones y asumir que no siempre actúo bajo el influjo del bien mayor, o al menos no al bien mayor social-idealmente esperado. Hago como me plazca, no siempre por placer.
Entonces, la cuestión acá es que de nuevo siento ese cosquilleo que sube por mi estomago, por el esófago. A pesar de la belleza nula de la metáfora, es un sentir comparable a la previa del vómito. En este caso, un vómito-letra, vómito-palabra (representaciones-palabras... basta!). Y vengo, y parte de mi no quiere, por orgullo, por necedad, porque algún resabio fantaseoso queda dando vueltas por mucho que lo ignore, y por momentos siento que lo que acá vuelco llega a algún par de ojos que siempre se siente interpelado. Y si, no soy la única persona egocéntrica del planeta, esa era precisamente la gracia del asunto. Pero tampoco voy a ahogar este impulso, porque me alimenta, porque me sacia al menos por un rato, y ademas, ensancha las cavidades de mi vanidad. Nada mas autobombo que leer una y otra vez algo que pareciera deliciosamente escrito, por más putrefacto que huela, lo importante es el dote de realidad psíquica, todo lo que ayude a seguir estructurando la imagen, el imago, la unidad especular.
Aconteció mucho, a pesar de que uno o dos hayan sido los detonantes de mi encuentro con la pantalla, y creo que hoy caigo. Y si, soy redundante, porque en muchas conversaciones que he tenido con otros lo dije, y lo ratifique. El armado de una estructura, incompleta, pero unida, es un cambio radical. Y es un poco aburrido también, no se malentienda, no es que haya una nostalgia hacia el caos o la desazón, pero era mi modus vivendi, es difícil aprender a vivir cuando ya llevas haciéndolo por inercia durante 25 años. Peor se torna cuando ese aprendizaje es diametralmente opuesto al anterior, hasta ahora estuve contando con porotos, y ahora uso formulas, raíces, mezclo y me mareo, pero busco expandir, ampliar, conocer. Es hambre, ya no es voracidad.
Digo que abuso del psicoanalisis pero sin intelectualizar demasiado. Lo uso como poema, como herramienta prosáica, como poesía. El éxtasis que me dispara poder armar paralelos, poder encajar discursos, y vocablos. Me siento muy cerca del edén académico, o al menos lo de la imagen que se me formó en la adolescencia. Eso me pasa seguido, me corro, me voy, y me cuesta volver o decodificar. Pero no me aíslo, no me encierro. Estoy permeable.
Erguida hacia otro polo. Paisaje distinto, aunque en el mismo lugar, es otro el aire, es diferente el oxigeno. Corté. Aparté, pero no sangré. Y ese es mi punto final. Es el punto final de este hilo lógico, de este relato errático, de esta asociación libre. Porque esto soy ahora, una unidad que solo yo veo y que mi imaginario puede sostener.

martes, 16 de octubre de 2018

rest IN PEACE

Tengo una sensación muy parecida a lo que se describe normalmente como la adrenalina. Siento la correntada de sangre fluyendo por mis venas, transitando de arriba a abajo, de izquierda a derecha, oxigeno y desecho. Es emocionante, conflictivo, pero liberador de una manera extraña.
Se me presenta esta idea de que tal vez no estoy dimensionando los acontecimientos. Me encuentro de a ratos escuchando música que nunca me atrajo antes, pero me relaja, me aloja, y me deja descansar, me deja ir mas allá del perpetuo dolor para abrazar un poco mas la realidad. Lo Real no, eso es insimbolizable, inacabado, inorgánico, intangible. Y sabes qué? Ya no me interpela. Esta allá, lejos, mas allá del muro del lenguaje, y, a diferencia de otros momentos, no quiero picar ese muro, no quiero derrumbar la pared. Habrá siempre sitios oscuros, mas oscuros aún que aquellos que habito. Nunca voy a conocer las respuestas, nunca voy a alcanzar el ciento por ciento de nada, porque no existe un todo, solo hay nada, hay incongruencias, caos y desorden.
Paz mental. Creo que nunca la había experimentado. Hasta este momento solo creí que gozaban de la paz quienes no eran conscientes del alrededor, quienes ermitaños y ensimismados, encerrados en las paredes de su mismidad, se plantaban con ojos vacíos ante el paisaje desolador que es la vida cotidiana. Porque miseria hay en todos lados, porque dolor hay en todos los cuerpos, porque adversidad hay en todas las realidades. Porque es parte de la humanidad, estar dotado de miseria, de sangre y dolor, y por eso es tan dulce la voracidad, el salvajismo, porque por un rato olvidamos los mandatos que nos hacen miserables, que nos llenan de putrefacción, para librarnos hacia lo real, hacia el impulso, hacia lo animal.
Paz mental. Para mi sorpresa no es necesario ser animal, entregado al impulso, o vegetal, destinado a echar raíz y la inmovilidad. Al menos para mi, todo se "redujo", por así decir, porque llevo mucho tiempo y moneda de diván, a dar cuenta de mi impotencia. Visibilizar ese hiato, ese punto de pausa, mirar la punta del abismo sin necesidad de caer. Esta es mi frontera, este es mi limite, y por qué tengo que atravesarlo? Por qué tengo que quedarme? Que me ata a este falsario? Cuando los lazos no son obligatorios, cuando todo se trata de elección, por qué dejo de elegir? Por que me someto, si nadie me amedrenta ni amenaza? Vestigios animales mal desplazados. 
Paz mental. Poco a poco fui corriéndome, dejando de ser el blanco al que yo misma apuntaba, dejando de poner la cabeza en la guillotina. Sorprendentemente la intelectualización ésta vez no fue flagelante, ahora si es una herramienta que juega para "el bien", para mi propio bien. Sin lastimar, sin ocultar, cada vez mas clara, menos venenosa, mas coloquial. Al piso, a tierra, a la realidad. Sin ínfulas de superioridad pero tampoco en sumisión. Y si sigo escribiendo es porque, lo sé, está ese irrepresentable dentro mio, y quiere salir, y pide salir. Con energía animal tomo la herramienta social, la palabra, y creando mierda, tal vez, pero no es dolor, no es sangre, no es putrefacción, es humanidad

viernes, 28 de septiembre de 2018

Muy mal escrito

No peudo dormir, que novedad! Deberia levantarme en dos horas màs, y no puedo. No logro conciliar el sueño. Morfeo no viene por mi, que raro yo, a la espera de un hombre! Lo de nunca, lo que no quisiera jamas vivenciar, estar a la espera de otros.
Tal vez ya lo haya estado, pero bajo una justificacion mas o menos convincente todos nos dejamos llevar, por muy estupido que sea a la voz de la razon, uno no entiende de razones el 100% del tiempo. Choco las yemas de los dedos con las teclas y me corre un escalofrio por la espalda, una sensación placentera. Me pierdo mientras miro a las teclas, mientras admiro a mis manos creando, aunque tal vez sea una basura, pero es como un "vomito manual"; no es verbal porque no lo estoy verbalizando, no es escrito porque no esta en pluma.. es manual porque lo hago con mis manos, porque escapa de mis falanges. Supongo que asi debe sentirse amasar un slime, o la masa de una pizza. El hecho de estrujar entre los dedos, algo tan primitivo pero satisfactorio. Asi podria estar todo el dia, si tan solo me hubiese dedicado a la mecanografia y no a la psicologia.. que sencilla hubiese sido mi vida. Quedaran entre los tantos "como si" que me atraviesan a diario.
Vivir es un eterno "como si". Al menos lo es para mi.. vivo en simulacros, pero no de incendios, sino de vidas. Y no es porque mi vida sea un simulacro, bastante real es! Tan real, en sentido psicoanalitico, que no deja de resultarme una incognita, irrepresentable, insimbolizable. La mayoria del tiempo me preparo, para cuando tenga mas tiempo, para cuando tenga mas plata, para cuando tenga mas conocimiento, estoy a mitad de camino, y en lugar de acercarme, la llegada me resulta cada vez mas intangible. En simultaneo veo como todo pasa, como los años llegan, como se marcan timidamente las primeras lineas de expresion, como la paciencia se me agota y la mirada me pesa. Ya no tengo 17 ni 20, estoy en mis 25 y me sigo preparando.
Junto y junto material, junto y junto palabras, expresiones, anecdotas, esperando llegar a ese momento, a ese lugar, en donde todo lo atravesado cobre sentido, esperando a ese borde que brinda el simbolo que revalorice el devenir, que recorte y guarde, que enmarque y exponga, para poder dejarlo atras y continuar. No estaria pasando.
Asi es como ahora, con el cuerpo a medio cubrir, apestando a limon y shampoo, estoy sentada en la cama horas antes de presentarme a rendir un examen. Sin saber bien qué es lo que intento expresar, cuál es la huella que quiero marcar, pero con un afan desesperado, con un movimiento ritmico veloz, tipeando, extendiendo mis dedos, sintiendo ese fulgor tan unico que me da el contacto con el plastico. Es una sensación casi voraz, insaciable, que no lleva a nada, que no tiene fin en si mismo, solo el hacerme sentir mejor, solo crear un sonido, un contacto, un disparo de dopamina. Respirar, relajar, exhalar. Acumulo palabras, acumulo tipeos, acumulo dias y acumulo sensaciones, esperando, aguardando un limite, un borde, una frontera, una palabra que le diga donde estoy, que me marque a donde voy, que represente mis andanzas.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Rubik

No encuentro mi lugar, ni un estado definido. No sé que música escuchar, no sé qué decir ni qué hacer. Sin confundir, no es que dejaron de existir los mandatos o los caminos del deber ser/hacer, simplemente es que ya no me pertenecen. Me cuesta entender a qué obedecen, o sentirme plasmada en eso. Nada es mío. No pertenezco a ningún lado. Es un tipo extraño de alienación.
Hace no mucho me sentía alienada, si, pero respecto de mí misma. No me sentía una con el cuerpo.. qué paradójico! Todavía así lo formulo, "el cuerpo", como una terceridad que me excede, como una ajenidad, como si existiera fuera de estas pieles, como si mi persona se tratara de una esencia, un halo, invisible, intangible, invertebrado. Es algo que sigo tratando, que sigo conciliando día a día, aceptar que me pertenezco, que esto es lo que soy.
Punto aparte, la cuestión estaba en otro sitio. Volviendo sobre mis palabras, alienada siempre estuve. Pero ahora es de otro modo, tiene otro tinte, otro color, y como todo en mi devenir, es de otro dolor. Todo me duele, todo me quema y me corta, todo deja cicatriz. Siempre lo tome como algo hasta jocoso, porque tiene un soporte en la realidad. Tengo una piel de mala calidad, de segunda, porque soy de los linajes mestizos de baja denominación. No soy tan negra como para calificar como extranjera, pero tampoco tan blanca como para pasar por nena bien. Estoy en ese medio de marrones ordinarios, y los marrones tenemos la cualidad de tomar lo peor de cada raza. En mi caso, brillo como negra pero mi piel se marca como blanca. Todo deja huella. Y es una característica tan particular e inminente que se traslada a mi psiquis, a mi alma. Todo deja un resto, cimentando un cúmulo de representaciones abultado, que cada vez cuesta más llevar a cuestas.
Y otra vez me fui por las ramas! Y no lo quiero borrar, no quiero volver con el cursor. Porque de esto se trata, porque esto me faltaba, volcar y desbarrancar. Arrollarme por los suelos, dar vueltas, marearme y volver a empezar. Porque nada es unidireccional, porque me cansé de ir hacia los sitios que creo que debo. Porque me pesa cumplir con lo que se espera de mí, porque no quiero hacerme cargo de las imágenes idealizadas, ni de las buenas ni de las malas. No es mi causa, no es mi responsabilidad darle lugar y alojar los lugares en que orbitan fantasmas ajenos. No. Ya no. Y obviamente que me equivoco, un montón! Me doy de bruces contra la pared, me rompo en mil pedazos, sangro por galones, pero en la mía, siempre conmigo. Abrazo cada parte de mi ser, y me encuentro en cada decisión que tomo, en cada impulso que me invade, en cada lágrima que cae. Soy yo, no hay nada que no lleve mi nombre. Y el problema es precisamente ese.
Lo llamo "problema" en sentido epistémico, es un problema porque no responde a nada de lo conocido, porque no se ajusta a los modelos vigentes. Es un problema porque desencaja. Desencaja con el estilo de vida que llevaba hasta el momento, desencaja con el circulo de personas que me rodeaban. Siento que estuve metida en una cápsula, en un corset, una armadura, que me armé sola vale aclararlo. Nadie me dijo que debía ser de una manera, fue producto de una ideación desesperada en busca de aceptación, creyendo que de ese modo las cosas se volverían sencillas, como si fuera la respuesta a todas mis plegarias. SPOILER: no paso. Lo escribí muchas veces, lo llore tantas otras.
En este momento es donde siento que todo, mal que mal, vuelve a su lugar. La capsula se rompió, la armadura se desencajo, el corset se descosió. Y las piezas se reorganizan, como un cubo rubik que vuelve a tener un color por cara. En ese afán de querer diversificar, relativizar, dialogar, comprender, se me borraron los limites, se difuminaron las fronteras, y el intento de ser menos estricta se tornó en vía libre para la mierda. Y si, lo digo así, MIERDA, porque nada que dañe de esa manera merece un calificativo menos execrable. Fue mierda, que me embarro y me tumbo de olor a putrefacción, que se descompone con el pasar del tiempo, si es posible apestar todavía mas.
Me anulé, me perdí entre los discursos de tolerancia literalmente. Confundiendo diversidad con maldad y oportunismo. Doy gracias a que las desgracias no duran 100 años, y que los cuerpos no lo soportan, aunque voy contando 25 no fueron todos malos. Estoy en pleno reencuentro, que bien podría calificarse como descubrimiento, pero ya no de mí, sino del ambiente, de la gente. Voy a seguir sangrando, sufriendo, porque es parte de mi esencia, morir y vivir cada día, todos los días, pero siempre es mejor encontrar la muerte abrazado a uno mismo que vivir anulado por darle el gusto a alguien más.

martes, 14 de agosto de 2018

Papeles

Me quedaron las manos ásperas, pequeños focos de remolinos, tierra levantada, mientras me invadía un estado de hiper kinesia. De un lado a otro, desordenando y ordenando, mientras mis pies no tocaban el suelo duro, sino montículos de hojas, una capa tras otra de papel.
Una vez al año, o cada dos años, emprendo la misma tarea, es que tengo un umbral bastante alto de tolerancia aunque no lo parezca. Porque todas las expresiones de descontento y hartazgo quedan en eso, en meras palabras, es como si todavía predominara sobre mi la premisa de poner la otra mejilla, la cultura del aguante, en las malas mucho más. Mucha cancha, mucha lucha, mucha miseria. Es que  cuando naces en contextos ajustados sos envuelto en un manto de enunciados que buscan racionalizar el malestar, la disconformidad, la incomodidad, como si por el solo hecho de bañarla de otro sentido el dolor se redujera. Y es así como, al menos a mi, me quedo impreso el carácter judéo-cristiano, o mejor dicho, el carácter tercermundista marginal de continuar, de andar arrastras, de volverse lento pero constante.
Y cuando hablo de lentitudes no sé por qué me viene a la mente un cuento muy repetido durante mi infancia, el de la tortuga y la liebre, que a mi no me satisfacía, sino que siempre me dio mucha tristeza. Era la época del VHS y como hija de familia obrera, mis papas trabajaban la mayor parte del tiempo, no pasábamos la tarde juntos, no me ayudaban con las tareas, y a mi no me quedaba mas compañia que mi VHS con cuentos animados. Y a pesar de ser cuentos infantiles, eran muy duros, tenían una estética más realista. Se veía entre los trazos de la animación cada intención gestual, las miradas perversas, las arrugas, el cansancio. Se supone que el empleo de animales reduce el impacto de las situaciones que se cuentan, de los conflictos del relato, no volver problemática ni desestructurante una narración. Buen intento. Conmigo nunca funcionó. Nunca pude identificarme del todo con "los buenos", me quedaba pensando qué sucedía con "el malo" una vez que finaliza el cuento, qué sería del lobo feroz después de huir hambriento y lastimado, qué pasó con la liebre derrotada en la única categoría que le valía reconocimiento, qué fue de la mamá pato luego de ser reprendida por papá pato cuando nació un cisne del huevo que incubaba. Sisi, neurosis en la infancia. Siempre me interesé por ir más allá aunque no tenía los recursos para soportarlo. Siempre alimente, con o sin intención, la curiosidad, la ambición, porque todas esas historias, todo ese romance del que te cubre la marginalidad (y aclaro, no solo desde lo económico, sino desde lo social-vincular) te alienta a buscar, pero sin dotarte de herramientas, sin armamento. Y más o menos por un tiempo lo pude sobrellevar, pude arrimarme a lo deseable, a lo esperable, e incluso superarlo, aunque atiéndase que superar expectativas dentro del circuito marginal no es muy difícil si se mira desde otros sitios en el espectro.
Pero hace un tiempo que todo eso dejo de funcionar. Y puedo ubicar una fecha exacta, puedo ubicar este como el momento donde se cortan todos esos relatos. Donde me acepte, me humanicé, y con el don de humanidad viene intrínseca la fé de errata. Porque anteriormente era el azar, eran los otros, los que se atravesaban en mi camino, y no lo enuncio como algo táctico para quitarme responsabilidades, es que yo lo sentía así. Tenia el camino muy definido, los pasos contados, y mis acciones se lineaban con ello. Porque iba camino hacia un lugar, sin titubeos, sin vacilaciones ni interrupciones. Autómata, inconmovible, en linea recta, quien quisiera acompañarme era bienvenido, el resto era estorbo. Y así funcioné por años, porque "toda la vida" me parece una expresión muy vaga y falaz. Los malestares provenían del exterior, una pelea, una desilusión, una decepción, o el hartazgo que me generan de por sí los vericuetos de las relaciones humanas.
Cuando me volví humana, cuando acepte todo eso que las conductas automatizadas intentaban desterrar de mí, cuando dejé de llorar una vez por semana sin saber por qué, cuando deje de tener pesadillas por semanas, cuando me bajé del pedestal, me volví común. Vi todo lo que faltaba, vi todos los agujeros que no puedo llenar. El sendero comenzó a ondearse, se volvió sinuoso, inestable, se pobló de huecos, y me toco caer. Y me vi frente a frente con los relatos, con los enunciados sobrecompensadores, me sentí mas pequeña que nunca, e indefensa.
Y acá me encuentro, en cada crujido de los papeles que rompo siento cómo se me fueron los años. Cómo contribuí a ocupar un lugar, un estado, al que no llegue ni sé si podré alcanzar. Pensando en todo lo que no miré por tener la vista fija en una meta inexistente, por tener como mandato a lo inalcanzable, por tomar como verdad una racionalización parcial. Continúo, indecisa, sin saber cómo seguir, caminando sobre arenas movedizas. Estoy al final de mi propio cuento, sin saber qué sigue después del punto final.

domingo, 29 de julio de 2018

Recuerdo

El siguiente texto es la transcripcion de una carta escrita a mano (sin intencion de ser entregada) en el año 2015 que acabo de encontrar entre apuntes de la facultad. El destinatario es más que obvio.

A vos...
A mi querido, a mi cielo, a mi lecho de rosas, a mi amor, hoy te escribo estas líneas llenas de dudas, de incertidumbres, de escozor, con el pulso tembloroso y la visión borrosa, para dejar un nuevo bloque, un nuevo granito de arena en este medano que construí a tu lado, bajo tu mirada continua y tu guardia fiel.
Quizás los motivos que me traigan a esto no sean los esperados, o los deseables, pero a fin de cuentas estoy haciendo lo que por mucho tiempo resisti, dedicarte una epistola. Soy dama del romance, la nostalgia, "lo trágicamente absurdo", y por ello mismo el original está en papel y tinta, a la vieja usanza. Me gusta el halo de misticismo que envuelve a la carta hecha a mano, en ella se vuelven evidentes todas las ebulliciones y emociones que se dan sitio al redactarlas, y se erizan los cabellos y falta el aliento al leerlas tanto o más que el escribirlas, lo digo, amado mío, porque poco es lo que puedo trazar con esta pluma y estas manos en comparación con el ardor que habita en estas venas.
Cuánto habría yo de decir en este tiempo, corto o largo dependiendo la perspectiva  aunque mucho ya he dicho no obstante, conoceme, no soy mujer de amplios silencios en cuanto siento libertad o confortabilidad para entonar mis ideas. Aún así, habrá tanto que con el tiempo no tendré posibilidad de pronunciar y habré de conformarme con la prosa o el diván.
Primeramente, debo expresar mi gratitud por los momentos que fueron buenos, por los besos y las caricias, por los abrazos, las mordidas, por el sudor y el calor de tu lecho que supo cobijarme, a pesar de que fue allí donde también encontrara desvelo. Agradezco la risa, la complicidad, la compañía en momentos de fragilidad, y la admiracion en cuanto algo te enorgullecia [SIC]. Doy gracias tambien por los caminos transitados, por las primeras veces que permitiste viviera a tu lado, por las canciones entonadas en idiomas ininteligibles, por los ataques de glotoneria y las frases de los simpson repetidas.
Y sin querer sonar soberbia, también agradezco tu cobardía, tu vicio de tapar los agujeros con mentiras, tu falta de iniciativa para defender mi lugar, tu desinterés por causarme el menor daño posible. Gracias hoy doy por tus malos humores sin causa, por tus silencios injustificados y las indiferencias de largas jornadas. Te agradezco las millones de lágrimas que quedaron en mi almohada, las noches de desvelo e incluso la ausencia de gestos de romance.
A pesar de la paradoja, estos años a tu lado me enseñaron todo lo que espero del amor, todo lo feliz que puedo ser junto a la persona que esté dispuesta a caminar conmigo, a mi lado, no delante ni detrás de mí. Que respete mi lugar, mi nombre, que busque cada momento del día para recordarme cuánto me quiere [AWANTIAAAA]. Y así también aprendí todo lo que no espero de ése, de cómo me daña la cobardía.
Por ello, mi amado, mi gran amor, hoy te suelto, hoy dejo de soñar en un futuro con vos [re que nunca lo pensé!], hoy dejo de asociar tu nombre a cualquier canción, hoy no espero que aparezcas en mi puerta ni que el sonido del teléfono me lleve a tu voz. Hoy dejo de pedirte que cambies [Y SI], que escuches, hoy sólo te digo adiós, desde lejos, con éstas lágrimas y este nudo en la garganta, esperando nunca más volverte a ver...

viernes, 13 de julio de 2018

Asociacion libre

No sé qué es lo que me mueve a escribir pero estoy haciendolo, ni para qué, o para quién. Los parpados me pesan, deberia dormir, pero tengo una sensación que no puedo definir y aca estoy, a oscuras, tipeando, enhebrando palabras como si pudiera darles sentido por el mero hecho de ubicarlas una tras otra.
Tengo sueño/s. No estoy segura sobre qué. A veces evoco al pasado, otras al futuro, peeo familiar o novedoso solo queda en ese sitio. En los fantasmas, en los "cómo si", en las ficciones que sirven como combustible para darle comienzo a otro dia mas, para soportar el peso otra hora mas, para abrir los ojos un rato más. Abrir aunque pese. Aunque no haya mucho qué mirar.
Alertagada, casi dormida, vagando, andando. Soltando las amarras de lo que creía amar, mirando frente a frente a criaturas desconocidas sin mantos de solemnidad, de misticismo. Viendome de igual a igual, como siempre debio haber sido. Ya no existen las vacas sagradas, las deidades ni los absolutos, todo es relativo, todo es temporal, y creo que recien hoy entiendo que no es algo malo.
No hay indignidad en el corto plazo, ni hay plusvalor en la longevidad. Ya no quiero estirar ni enmendar lo propio ni lo ajeno, levantando banderas que no son mias, arreglando lo que no esta roto. Yo soy, al igual que los demas. Todos somos. Por qué habria que cambiarte? Por qué deberia cambiarte? No quiero. Me rehuso.
Soy carne. Soy nervios. Soy un cuerpo humano que sufre, que sangra, que tiembla y que duele. No soy deidad. No soy ninfa. No soy solemnidad. Soy vulnerable, y asi me veo cada dia frente al espejo. Tan barrada, castrada, impotente. Y por eso no te marco, no te juzgo, no te ordeno. Soy libre, y por eso quiero que lo seas. Ese es el regalo mas grande que puedo hacer. Me libero de tus ataduras.
Te libero de mi.

jueves, 28 de junio de 2018

Sentencia

"Estoy firmando mi sentencia de muerte con vos, otra vez (...)" asi de crudo y visceral, de desagradable fue sentirlo, expresarlo leerlo. Es que muero y vivo cada dia, cada hora, cada minuto. Entro en pausa, en lapsus de silencio, me pierdo en el correr del tiempo hallandome luego en sitios inospitos.
Y es que no tolero las murallas, los obstáculos, los impedimentos. A pesar de haber sufrido, de haber vivenciado la impotencia, la falta, la carencia, parte de mi se cree inmune, inconmovible, inapelable. Y va, y hace frente, y cae. Siempre cae. A veces creo que hasta cae con gusto, con goce del dolor, buscando insesante el punto final, la frontera, coqueteando con los límites para doler, para sangrar. Para que la ocasión haga a la excusa. Haga una de la causalidad una causa. Maquillando de azar a la intencionalidad animal.
Porque ya no me cubro de mantos de solemnidad moral, ya no me encasillo dentro de los nobles, de los puros, de los bienintencionados. Soy una y soy otra. Soy la altura y soy la tierra, soy el cielo y soy la hoguera. Soy pureza y soy carroña. Tengo el germen de la excreción, tengo el motor del dolor, solo que lo opero en la via inversa: todo apunta hacia mí.
No puedo lastimar a nadie mas que a mí misma. Y parece que no me cansa, que no me agota. Que me excita el dolor, pero no el ajeno, sino el propio. Es en el sufrimiento donde encuentro mi matriz, donde encuentro mi lugar, donde muero y resucito, donde habito, donde camino. Y asi, con la manos ensangrentadas, con los musculos cansados, me pongo en pie para tener una marca. Para dejar otra huella. Para renacer...

jueves, 7 de junio de 2018

De salida

En el lugar más icónico o más representativo, vine, subí, y a cada peldaño me parecía que tenia mayor coherencia, cobrara más sentido. Antes de tomar el picaporte, mientras aun andaba, mire hacia atrás y aprecie el pasillo, las bocas de escalera, todo blanco y silencioso. Solo estaba yo ahí, viviendo ese recorte, esa fracción de segundo, en completa soledad. Y por un segundo fue como si esa fuera la escena que recorta la trayectoria, que simboliza el trayecto. Yo, entre una multitud, entre cientos de voces, pero andando sola. Aniquilada en el silencio, encerrada en el concreto, mientras tímidos rayos de sol se cuelan entre los vidrios y acarician mi espalda, soy única testigo de la compulsa, de la reiteración de la mismidad.
Horas, días y años, sucediendo, pero es en este día en particular en que se me presenta como problemático,. en que subo los escalones esperando encontrarme de nuevo acá, con las letras, para darle lugar a las palabras, a las frases que se me caen de las manos, que brotan inconteniblemente como catarata, a borbotones. Me desperté desesperanzada, como si algo mio estuviera perdido, pero sin esperanza de reencontrarlo. No era resignación, sino irritación, impaciencia, frustración, una hostilidad que me atravesaba y ante el que no podía, no quería y ni siquiera se me ocurrió escapar. 
Lo tomé como algo dado, como una condición o un determinante, pero no me quedaban fuerzas para enmascararlo. Se me ocurrió últimamente que esos espacios me pertenecen, que puedo habitarlos, pero al cabo de unas horas me pesan los brazos, me duelen las piernas, y solo puedo mirar alrededor extrañada, desorientada. Me encuentro sin un otro, sin un alguien, sin un par con quien intercambiar, sin una tarea que realizar, pero sin posibilidad tampoco de abdicar, de salir. 
En un limbo espacial, geográfico, en espera siempre, en una pausa, en intermedio, en trayecto. Y no sé por qué hoy no puedo tolerarlo, no sé por qué hoy me pesa atravesarlo, no sé por qué hoy me resulta trabajoso hasta ignorarlo. Escribo porque es lo único que me sale más o menos bien, porque el sonido de yemas contra teclas es lo único que contrarresta la ausencia de voces, contrarresta el nudo que me obtura la garganta. Es la huella que dejo, para nadie, para mi, para acceder cada vez que esto ocurra, para no olvidarme de las letras, para no dejar de lado las palabras. Y al mismo tiempo, recordarme que falta menos, que queda poco, que en este corredor estoy de salida.















domingo, 13 de mayo de 2018

5

Minutos, horas, imágenes, sueños, se ocuparon, se llenaron y colmaron, sin ser del todo conflictivo, pero generando preguntas, alteraciones en el perfil. No es la primera vez que sucede, al contrario, forma parte de un patrón habitual, una forma de condicionamiento que tal vez esté demasiado reforzado.
Dijo mi psicóloga en la segunda o tercera entrevista preliminar que tengo rasgos obsesivos, y si, es lo mas evidente, es mi característica más destacada, junto con la nariz en forma de botón y los lunares estratégicamente dispuestos que muchos confunden con piercings. Viene a mí un número, un monto, una cantidad. Vocablos no azarosos, psicoanalíticos, porque lo siento, lo experimento en este preciso momento. Una investidura que intento desviar, pero que me interpela, que me revuelve el estomago, me eriza la piel, aumenta mi ritmo cardíaco mientras no dejo de teclear, frenética, aceleradamente. Estoy siendo evasiva, me pierdo, me creo laberintos, coloco trampas, porque no quiero ir directo, porque temo seguir, temo reforzar, temo sucumbir. El CINCO.
CINCO años pasaron, o están prontos a cumplirse, no quiero ser más especifica, no quiero rememorar. Solo hacer hincapié en el número, porque es muy grande para algo tan volátil, tan voluble, tan intangible, es mucho tiempo para que se sostenga lo inmaterial, es una inversión mayúscula y a la vez una pérdida total de energía. Un desperdicio. Materializar el tiempo es lo único que me mantiene acá, sobre ésta marca, es la inscripción que me permite no retornar.
CINCO letras que conforman un nombre, una significante que es tan arbitrario como univoco. Ese fue quien me despertó éste sentir, el azar que me cruzó con la palabra, y si bien me di cuenta que ahora, después de tanto tiempo, logré que esa palabra vuelva a su polisemia, la dulzura se tornó amarga cuando me di cuenta que uno de los sentidos seguía siendo el nombre. El nombre seguía habitando a la palabra.
CINCO hojas me faltan para terminar una de las tantas lecturas que le doy a mis apuntes. Y aunque parezca un dato que no se relaciona, en todo se vincula. Porque es un momento de cuestionamientos, de revisiones, donde estoy cara a cara con mis debilidades, con mis potencias y desvalimientos. Por eso mi temor a caer ante el hábito. Mi "lugar seguro" me lo daba el poseedor del nombre, pero la entidad que le daba cuerpo ya no existe. No es alguien, tampoco es nadie. Si hubiese perdido del todo su dote, su don, que me brindaba en virtud de lo que me falta, de mi unidad perdida, no estaría escribiendo, no estaría componiendo este texto. 
Evado, desvío. No puedo volver a buscar su don, volver a pedir que me unifique, que me dote de ser. Pero entonces, si YO SOY, me pregunto por qué lo busco, e inmediatamente me respondo, no lo busco a él, busco el dote. Pero no hubo en este período nada ni nadie que me hiciera creer que lo tenía, al contrario, lo puse en mi, pero fallé.
Lo positivo ante todo es que no volví, la tentación no es suficientemente insoportable. Puedo redirigirla, aunque cuesta mucho más porque acá no tengo interlocutor, no hay un lector, estoy lanzando al vacío las palabras que solo retornan como eco, como residuo de lo que enuncio. Y a la vez me rehúso a hacer de otro un estandarte al que acudir, no quiero estrechar lazos, no quiero tender puentes, quiero ser yo.
Será que no soporto la frustración, será que no me reconozco humana, o sera simplemente que en mi mente queda muy cómodo seguir un camino que ya esta arado, que ya esta demarcado y transitado, por eso una parte mía quiere reencontrarte, quiere escucharte, y en la fantasía vuelve a buscarte...

lunes, 2 de abril de 2018

Focus

Mas pronto (esta bien dicho?) de lo que esperaba. Es que todo me urge, estoy como en un proceso, o en una etapa, en un reocorrido que puja por la inmediatez. Pero a no confundir, no hay "necesidades" como tal, ni voracidades, solo ese shock electrico que me mueve hasta aca. Igualmente... "mueve", muchas muchas comillas porque el problema es justamente que no estaria pasando literalmente.
Lo que quiero decir es que "mover" es un verbo que comunmente lo utilizamos para acompañar o señalar acciones que llevan a un beneficio, o a un producto. Una accion que sirve de palanca para algo mas grande. Una operatoria, operacionalizar (esos años universitarios y sus vocablos). Y cuando intentamos agrandar, beneficiar, es para alcanzar esa idea coloquial de mejoria, porque lo actual no sirve. No nos sirve, queda obsoleto, porque a nadie se le ocurriria darle una vuelta mas a algo que no representa un problema o una falla o una insuficiencia. Salvo que tu grado de obsesion y se eleve mas alla de lo socialmente aceptado. (Estos años universitarios, como se quieren hacer ver!)
Me estoy interrumpiendo mucho, y salto de rama en rama, porque acabo de plantar una parra. Me perdi. Retomemos! El punto es que no me estoy moviendo, no al menos en un modo en que para los otros represente una mejoria, un avance hacia lo socialmente esperado o aceptado. Y cuando me meto con lo convencionalmente esperado o aceptado no se malentienda, no hablo de escribir un libro o fundar una escuelita de frontera. No! Todo lo que nos rige es lo socialmente aceptado, desde vestirse para salir a la calle, hasta lavarse el cuerpo.
El mandato que no estoy cumpliendo es uno en que me iba barbaro, al menos es un topico que no me dio prolemas en los ultimos dos años. Y si, ahora que saque cuentas y di cuenta que solo fueron dos años de mas o menos andar bien siento que no estuve tan estable como creia. No en esto. En ese momento, dos años atras, pasaba horas sentada en el piso del baño, empapada en lagrimas, preguntandome por que todo se me iba de las manos asi. Como no podia controlar algo tan nimio, tan infimo, y a la vez tan propio. Era yo, era mi mayor orgullo y se iba asi, se escurria tras cada minuto. No podia concentrarme.
Eso es! Algo tan trivial, concentración, enfocarse. Lloraba porque no entendía, si yo amo lo que hago, por que no puedo seguir haciéndolo. En ese entonces lo relacione con todo lo que escribí hasta hace... un mes? Con la fragmentacion, el flagelo, la desilusión, la incompletud, la impotencia. Porque siempre fui una bestia endiosada (solo por mi) que pateo y destruyo todo a su paso, o ese es el verso que me conté cada noche antes de dormir durante 22 años. Antes del derrumbe, antes de la nada, antes del desmembramiento. Ahi tenia sentido esta falta de foco, de rumbo. Porque sin ser no se puede andar, o bien, no se puede marcar dirección.
Pero... y hoy? Que pasa hoy? Es una tambien una forma de marcar la barra (por favor, estoy poseida por una loca lacaniana), la x, el agujero? Si hoy estoy incompleta, me nombro incompleta, deje de ser bestia para ser persona, deje de ser dios para ser humana, deje de ser omnipotencia para ser acción, cuál es la excusa para esta dispersión? Y ahora tengo muchas mas ideas para esto, para volcar el sinsaber, para expresar la incognita, el acertijo, la duda. El vacio de sentido. Pero no de forma agustiante, sino como pregunta genuina y reclamo legítimo. Qué pasa?!
Será porque me resta otra semana mas sin terapia, porque me comen las fechas, porque un poco de miedo me da el devenir. Porque estoy tan cerca de llegar a mi sitio, al final de las vias. Y con estas metaforas tan horrendas tal vez se note mas la crudeza, porque me cuesta ponerlo de forma hermosa, porque no puedo evitar que un poco de desesperación se cuele entre las lineas. Tengo miedo. A qué todavia no sé.
Aunque tengo una hipótesis: puede que esta sea la primera vez en 25 años en que no tengo a nadie mas a quien culpar por mi historia, ni por mi presente. Me deshice (por ahora) de los elementos dañinos, le di vuelta la cara a otros que no puedo eliminar. Integre bueno y malo, reconocí falencias y las hice convivir. Tal vez es la primera vez que me veo en el espejo, tan imperfecta, tan incompleta. Por primera vez soy

sábado, 31 de marzo de 2018

Pop up

"Puedo escribir los versos mas tristes esta noche".. o no!
Tengo esa necesidad imperiosa de lanzar palabras al aire, de dejarlas nacer, aunque claramente no puedo escribir todo lo que pienso, el torbellino lingüístico que me atraviesa en este instante y en todos los segundos previos a que me colocara en esta posición. En cuanto salí de mi letargo, me puse una remera y elegí una canción que diera el marco o caracterizara el ambiente que estructuraran esta composición.
Sin ánimos de grandeza, me rendí ante la sublimación pura, el derroche de fonemas. Atrás quedaron los intentos de prosa, de poética, en este momento no son prioritarios porque no hay nada que edulcorar. No es que antes fuera el objetivo, no estaba en un plano que me permitiera decidir sobre el cómo, que delimitara mis expresiones de forma tal que ante los ojos o las oídas tomara cuerpo de un modo particular. Brotaba, emergía desde las profundidades así, como un todo articulado. Es que, claramente, las instancias que no controlo hacían ese trabajo fino por mi, le agregaban todos esos pequeños detalles, los eufemismos, las imágenes figuradas. Así, con más o menos dolor, el sufrimiento era un poco mas hermoso.
Sangrar en el apogeo de belleza, en la cresta de la solemnidad (siempre intima, siempre personal y subjetiva, raramente acreditada por los otros) me brindaba una suerte de recompensa. Una marca, no en el cuerpo propio, sino a modo de medalla, de listón, de insignia que me condecoraba. Yo había atravesado estos caminos, conocido estos terrenos. Funestos, execrables, paupérrimos, ignominiosos, y aun así andaba. Híbrido entre contrarios, humillación y orgullo, pero es que de eso se trata el binario, solo existen a partir del otro. Esa dualidad es la que me acompaño y en ese medio, en ese valle que se deprime entre ellos es que nazco, vivo y respiro día tras día.
Uso mucho el pronombre "yo". Yo impulso, Yo movimiento, Yo emoción, Yo pensamiento, Yo sentimiento, Yo memoria, Yo palabra, Yo cuerpo. No solamente soy, sino que Yo Soy. Un ente compuesto, impulsos, movimientos, emociones, pensamientos, sentimientos, memoria, palabra, cuerpo. Yo soy todas y cada una de mis partes. Y esto que suena lo más básico e imbécil que pueda haberse pronunciado en la historia, es tan elemental que quien no los considere, quien no cuente con ellos pareciera no ser humano. Ese fue mi caso. Un cuarto de siglo sin ser un yo. Piezas desparramadas en una morbosidad, porque esa era mi elaboración del reflejo, una mobosidad. No podia anticipar con qué me iba a enconrar, en que objeto iba a reconocer uno de todos esos elementos, ni siquiera todos. No hay completo, pero tampoco había incompleto. Para ello debe suponerse una totalidad a la que le falte. Pero en mi casi, eran solo pedazos, retazos de sujeto.
Yo Soy todo, el orgullo y la humillación, las altas y las bajas. Me toco hacerme cargo de toda esa parte orscura que siempre me habitó, que, por mucho que me rehusara a admitir, cohesionaba o les daba un poco de coherencia a mis componentes. Me abracé, me llore y me sostuve, acarreandome de los pelos hacia adelante, hasta lograr entender que hay ciertos sitios a los que no se puede volver y otros que solo fueron espejismos.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Hiato

Siento que tengo tanto por decir pero no me salen las palabras. Vienen a mi como una correntada, como un caudal aparentemente incontenible que de repente se anula, se calma o se congela. Como si la fuerza de diez tormentas se aplacara por obra de una plegaria, de un guiño, de una seña. Como si la furia, la ira y la destrucción se redujeran a cero con una disculpa.
Culpo un poco a la compostura, al cambio de posición. A las horas de introspección, de exploración e indagación. De los días y semanas invertidas en encierros, en las miradas al techo interminables, a los silencios de sepelio. A las preguntas sin respuesta, a los acertijos y conclusiones sinsentido. A las caminatas en círculo, a los espirales y a la desorientación. A la pérdida de norte, al vacío de presente y la poco entrañable ausencia de futuro.
No es que esté liquidado, no! Nunca podra cantarse victoria, no con esta duda incesante, flagelante, que me congela la sangre y quiebra mis huesos. No. Pero siento ese resto que no termina de salir.
Me adelanto, tal vez, al hipotético dolor, no quiero mas sorpresas. No quiero retomar la posicion de defensa, solo quiero andar. Divagar. Sin intentar adivinar, predecir, adelantar. Me agotó. Me agote.
Y aunque busque nuevos rostros, o al menos el mío reflejado en el espejo. Aunque me reconozca mas o menos, no lo puedo acallar. Hay algo que espera, que grita, que quiere salir. Solo le falta una excusa para volver a enfermar.

jueves, 22 de febrero de 2018

Procastinar

Siento que tengo que hacer algo, escribir algo, decir algo. Veo el sol aparecer por el oriente siguiendo su recorrido hacia el ocaso, y me pregunto què. Qué me queda? Qué es lo que me quema? Qué más hay?
No veo nada por delante, pero hacia atras todo es tan lejano, tan infimo, como si acabara de aterrizar sobre estos zapatos, despertado del coma. No doy crèdito del tiempo, de las horas, cómo llegué acá? Ya ni las heridas parecen tangibles, veo las marcas pero no toco su textura, planicie.
Aun aca, frente a las teclas, me gana el impulso de tipear, pero no se me ocurre de qué quiero expresar, no tengo una idea, y aun asi no quiero parar de hacerlo.
Tal vez sea una forma de plegarme, de abstraerme, de hacer tiempo y matar segundos consumidos con cada bocado de aire. Es la insensatez, es la insensación, la atemporalidad, la atonía.
Una gran X, una ecuación, sin animos de resolución

martes, 23 de enero de 2018

The wind won't blow

Hoy no hay temblores, falta de aire, lagrimas ni letargo angustioso. No hay reproches, dolores ni lamentos. Solo puedo atestiguar un dolor de estomago, probablemente porque excedí mi dosis de yerba mate, o porque rompí con los buenos hábitos consecuencia de la intoxicación hepática.
Eso podría resumir exacta y gráficamente el ocaso de mis 24, contaminación, polución, descompostura. Y a pesar de que ya haya transcurrido la época clise para realizar estas declaraciones, hoy realmente siento que estoy lo suficientemente recuperada al menos para ponerlo en palabras. Abstraer. Conceptualizar.
Ahora comienza la desintoxicación. Por primera vez en la vida (si, en toda la vida) puedo afirmar que estoy viviendo el momento. Sin querer decir con ello que me estoy dejando penetrar por cuanto pene cruce, ni consumiendo alucinógenos mas que agua, o que maneje a 100 km/h en una zona de 40. Nono, estoy "viviendo" tomando la definición mas coloquial y cotidiana del termino "vivir". Respiro, inhalo oxigeno, exhalo dióxido de carbono. Miro alrededor sin prestarle demasiada atención, sin éxtasis, sin asombro, pero tampoco indiferente. Mis pies se acostumbran poco a poco a la suela de goma de las zapatillas, mis dedos al césped, mis ojos al azul del cielo. Ojo, nada de ritualidad, nada de simbolismos esotéricos, nada santificado ni bendito, solo mirar, tocar, estar. ESTOY.
En el momento, en el silencio, sin mirar atrás, pero tampoco adelante. Me di cuenta que por años viví acelerada, en una carrera perpetua contra el reloj, contra el dolor, contra la desilusión, contra la mediocridad, contra la chatura, y de qué sirvió? Acaso sufrí menos? Acaso llegué mas rápido? Acaso estas heridas no sangraron? Acaso las lagrimas no se derramaron? Acaso los muros siguieron en pie? Solo me aseguré de doblar las apuestas, de duplicar las dosis de padecimiento, preocupada por el devenir y angustiada por el concluir. Sin pausa, sin freno. Una maratón de flagelo.
No podría afirmar que no volveré, seguro lo haré. Es parte de mi singularidad, adelantar, actuar, sangrar, y continuar. Porque es mi habito, porque es mi cruz. La intensidad, la adrenalina, el riesgo inútil. Pero por ahora, y ahora en sentido literal, en este momento, me abrazo a cada bocanada de aire, a cada tic-tac del reloj. Ahora miro al techo pensando en nada, solo escuchando al silencio, solo habitando la nada, desquitando mis últimos momentos de libertad