Dijo mi psicóloga en la segunda o tercera entrevista preliminar que tengo rasgos obsesivos, y si, es lo mas evidente, es mi característica más destacada, junto con la nariz en forma de botón y los lunares estratégicamente dispuestos que muchos confunden con piercings. Viene a mí un número, un monto, una cantidad. Vocablos no azarosos, psicoanalíticos, porque lo siento, lo experimento en este preciso momento. Una investidura que intento desviar, pero que me interpela, que me revuelve el estomago, me eriza la piel, aumenta mi ritmo cardíaco mientras no dejo de teclear, frenética, aceleradamente. Estoy siendo evasiva, me pierdo, me creo laberintos, coloco trampas, porque no quiero ir directo, porque temo seguir, temo reforzar, temo sucumbir. El CINCO.
CINCO años pasaron, o están prontos a cumplirse, no quiero ser más especifica, no quiero rememorar. Solo hacer hincapié en el número, porque es muy grande para algo tan volátil, tan voluble, tan intangible, es mucho tiempo para que se sostenga lo inmaterial, es una inversión mayúscula y a la vez una pérdida total de energía. Un desperdicio. Materializar el tiempo es lo único que me mantiene acá, sobre ésta marca, es la inscripción que me permite no retornar.
CINCO letras que conforman un nombre, una significante que es tan arbitrario como univoco. Ese fue quien me despertó éste sentir, el azar que me cruzó con la palabra, y si bien me di cuenta que ahora, después de tanto tiempo, logré que esa palabra vuelva a su polisemia, la dulzura se tornó amarga cuando me di cuenta que uno de los sentidos seguía siendo el nombre. El nombre seguía habitando a la palabra.
CINCO hojas me faltan para terminar una de las tantas lecturas que le doy a mis apuntes. Y aunque parezca un dato que no se relaciona, en todo se vincula. Porque es un momento de cuestionamientos, de revisiones, donde estoy cara a cara con mis debilidades, con mis potencias y desvalimientos. Por eso mi temor a caer ante el hábito. Mi "lugar seguro" me lo daba el poseedor del nombre, pero la entidad que le daba cuerpo ya no existe. No es alguien, tampoco es nadie. Si hubiese perdido del todo su dote, su don, que me brindaba en virtud de lo que me falta, de mi unidad perdida, no estaría escribiendo, no estaría componiendo este texto.
Evado, desvío. No puedo volver a buscar su don, volver a pedir que me unifique, que me dote de ser. Pero entonces, si YO SOY, me pregunto por qué lo busco, e inmediatamente me respondo, no lo busco a él, busco el dote. Pero no hubo en este período nada ni nadie que me hiciera creer que lo tenía, al contrario, lo puse en mi, pero fallé.Lo positivo ante todo es que no volví, la tentación no es suficientemente insoportable. Puedo redirigirla, aunque cuesta mucho más porque acá no tengo interlocutor, no hay un lector, estoy lanzando al vacío las palabras que solo retornan como eco, como residuo de lo que enuncio. Y a la vez me rehúso a hacer de otro un estandarte al que acudir, no quiero estrechar lazos, no quiero tender puentes, quiero ser yo.
Será que no soporto la frustración, será que no me reconozco humana, o sera simplemente que en mi mente queda muy cómodo seguir un camino que ya esta arado, que ya esta demarcado y transitado, por eso una parte mía quiere reencontrarte, quiere escucharte, y en la fantasía vuelve a buscarte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario