martes, 23 de enero de 2018

The wind won't blow

Hoy no hay temblores, falta de aire, lagrimas ni letargo angustioso. No hay reproches, dolores ni lamentos. Solo puedo atestiguar un dolor de estomago, probablemente porque excedí mi dosis de yerba mate, o porque rompí con los buenos hábitos consecuencia de la intoxicación hepática.
Eso podría resumir exacta y gráficamente el ocaso de mis 24, contaminación, polución, descompostura. Y a pesar de que ya haya transcurrido la época clise para realizar estas declaraciones, hoy realmente siento que estoy lo suficientemente recuperada al menos para ponerlo en palabras. Abstraer. Conceptualizar.
Ahora comienza la desintoxicación. Por primera vez en la vida (si, en toda la vida) puedo afirmar que estoy viviendo el momento. Sin querer decir con ello que me estoy dejando penetrar por cuanto pene cruce, ni consumiendo alucinógenos mas que agua, o que maneje a 100 km/h en una zona de 40. Nono, estoy "viviendo" tomando la definición mas coloquial y cotidiana del termino "vivir". Respiro, inhalo oxigeno, exhalo dióxido de carbono. Miro alrededor sin prestarle demasiada atención, sin éxtasis, sin asombro, pero tampoco indiferente. Mis pies se acostumbran poco a poco a la suela de goma de las zapatillas, mis dedos al césped, mis ojos al azul del cielo. Ojo, nada de ritualidad, nada de simbolismos esotéricos, nada santificado ni bendito, solo mirar, tocar, estar. ESTOY.
En el momento, en el silencio, sin mirar atrás, pero tampoco adelante. Me di cuenta que por años viví acelerada, en una carrera perpetua contra el reloj, contra el dolor, contra la desilusión, contra la mediocridad, contra la chatura, y de qué sirvió? Acaso sufrí menos? Acaso llegué mas rápido? Acaso estas heridas no sangraron? Acaso las lagrimas no se derramaron? Acaso los muros siguieron en pie? Solo me aseguré de doblar las apuestas, de duplicar las dosis de padecimiento, preocupada por el devenir y angustiada por el concluir. Sin pausa, sin freno. Una maratón de flagelo.
No podría afirmar que no volveré, seguro lo haré. Es parte de mi singularidad, adelantar, actuar, sangrar, y continuar. Porque es mi habito, porque es mi cruz. La intensidad, la adrenalina, el riesgo inútil. Pero por ahora, y ahora en sentido literal, en este momento, me abrazo a cada bocanada de aire, a cada tic-tac del reloj. Ahora miro al techo pensando en nada, solo escuchando al silencio, solo habitando la nada, desquitando mis últimos momentos de libertad