sábado, 7 de septiembre de 2019

Joyce

Lo primero que completé fue el título, por pura asociación, pero ningun otro podría haber sido más puntual, más gráfico. No me voy a extender explicando nada, a veces no es necesario que todo sea tan explícito. Porque estoy aprendiendo mucho, incorporando al menos, asimilando. Y si bien no hay certezas, no hay espacio para la conformidad, no me estresa la quietud. O al menos eso creo por ahora.
Me agoté, en parte, de buscar depresiones, "depresiones" en lengua geográfica, no? Aunque perfectamente podria emplearse en el otro sentido, en el psiquico, o psicológico. A piacere. Como digo, me canse aclarar, me canse de buscar la exactitud, de pujar hacia la claridad. La realidad esta viciada de grises, de borramientos, de fronteras difusas, quien soy yo para cambiarlo? Por qué yo habria de cambiarlo? No tengo esos titulos, no soy honoris causa. Yo sangro, me vacío, me agujereo, día tras día dejo de existir, y de nuevo despierto, entre paredes blancas y pisos de madera. Volvi a la diaria, volvi al cotidiano. 
Las horas estan cargadas de juegos de palabras, de polisemia, de trabalenguas y acertijos, de silencios, de guiños y gestos. Pero no soy traductora, no soy intérprete, solo aspiro a comunicarme, a hacer lazo, de vez en cuando, como para asegurarme de que sigo siendo parte de la especie, que entre mis musculos sigue corriendo energia vital, que sigo intentando interactuar con los otros, que sigo hablando, que sigo siendo humana. 
Costó mucho hacerme del momento, del espacio, en que dejo de mirar a los costados y me encuentro con mi voz. No es porque los demas me molesten, aunque llevo una cuenta sobre cada vez que lo hacen, sino para escucharme. Las fechas, las instancias, atormentan, aceleran, reclaman, y no es bueno ahogarse en el eco de los otros. Tengo que enfrentarme a mis demonios, solo asi los domino, solo asi los calmo, porque sino vuelvo a la enfermedad. 
Igualmente, en ocasiones, siento que no soy solo yo quien los ve y los escucha, pero si creo hoy mas que antes que solo yo quiero hacer algo sobre ellos que no implique mi propia muerte. Suena dramático, pero tambien forma parte del crecimiento asumir que, a veces, la sangre que derramo por los suelos es elixir de otros. Que a veces quieren verme derrotada, y cavan, y remueven, hasta encontrar ese punto de quiebre, esa costura suelta, y empiezan a punzar con fuerza hasta apuñalarme, porque mi muerte es lo que les garantiza vida, porque mi fragilidad reafirma su presunta fortaleza. Y no puedo decir que soy inmune a sus esfuerzos, me retuerzo, y sangro, pero no estoy dispuesta a morir. No ahora, no por ellos. 
No es el mejor de los panoramas, ni el mejor de los destinos, pero me reservo a respirar y a discriminar, porque hay fantasmas y demonios, pero solo de los míos me ocupo, solo con los mios negocio y tracciono. Y esa creo que es mi unica defensa, y mi unica fortaleza, no hacerme cargo de los fantasmas ajenos ni convertirme en objeto de su violencia. Solo asi intento asegurarme de volver a pisar la madera, de caminar. 

martes, 28 de mayo de 2019

Preguntas

Hace rato, no sabría explicitar cuanto, estoy rodeando la idea de sentarme a escribir. Por situaciones aleatorias, en la calle, en silencio o en la sordera que envuelven los auriculares, me encuentro en esquinas, en tramos de la tarde, en pausas de semáforos en rojo, repitiendo frases en la mente para no olvidarlas, pero tan pronto como vuelve el verde, en cuanto el engranaje retorna su andar, se esfuman. Y llego a este momento, armado, artificial, deliberado de alguna manera, en que me siento y elijo escribir, y elijo poner una pausa al trajín rutinario de mis pensamientos, de mis ideas, de mis rituales desordenados para el ojo ajeno pero tan estrictos desde mi cuerpo.
De eso hablé hace un tiempo, y creo que la única forma de contrarrestar las incertidumbres y los blancos, las amnesias cotidianas, es instaurar aquellas pausas que luego, mi psique, impone (in)oportunamente. Y pongo el "in" entre paréntesis porque no hubo nada más oportuno en estos tiempos que las pausas que me detuvieron el tiempo, que anularon el reloj, que me dejaron desnuda frente a la inminencia de mi humanidad. Porque hace poco me asumía humana, me colocaca del lado de los mortales, me erigía rota, barrada, impedida, y suponía que con eso era suficiente prevención. Pero no se puede ir contra el estilo, de formas menos angustiosas, más difíciles de pesquisar desde lo obvio, camufladas y deformadas, vuelven las negaciones. Vuelven los rodeos al vacío, vuelven las máscaras y las evasiones de la barrera. El pliegue sobre la mismidad no es casual, es una operatoria que tiene mi nombre por todos lados, escrito con tinta neón. La novedad tal vez se representa en que es solo a mis ojos invisible, o al menos soy yo la única que se hace la tonta y la deniega, y los deniego, y me deniego.
Me pongo la venda en los ojos, corro la mirada, me aparto, y de repente ese mínimo saber sobre mi goce, sobre mi deseo de sentirme portadora, me resulta extraño, eso si que nunca había pasado. Pase de la afirmación de ser todo y de no necesitar nada, a asumirme en falta, y termine negándome a mirarla, creando blancos y vacíos contingentes, el resultado siempre es el mismo: no ver la imposibilidad, negar lo inalcanzable, deslegitimar los puntos negros de sentido. Y así, con menos dolor desde lo dicho, sin lágrimas, sin gritos, sin insomnio, sin sangre, sin pesadillas, siendo totalmente funcional desde el orden externo, padezco, me enfermo, quedo invalida e inhablitada para rendir. Y lo pongo con esas palabras "para rendir" porque el vacío mas grande se me presento con un olvido que me impidió rendir un examen... o, si soy más puntillosa, dos. Y si quisiera irme más al carajo, y seguir tirando de los hilos, y seguir vislumbrando la cadena de sentidos, "el número dos", el s2, la caca, el sentido, el saber, ¿cuantos significantes pueden entrar en equivalencia? ¿Hay algo más obsesivo que eso? ¿Hay algo más histérico que intentar encarnar un caso especial? Nada que grite mi nombre más fuerte que ésto. 
Sigo estando ahí, sigue siendo mi estilo. Y juro que me sorprendo, porque cuando para mi todo se trataba de esquivar la mirada, de relativizar las circunstancias a pesar de que habían sentidos que prendían y resaltaban, fue la persona a la que más le negué su lugar la que pudo verlo claro: mi mamá, como antaño le puso las primeras palabras a ese exceso de sentido, significó mi experiencia, a pesar de que yo la subestimara y no quisiera prenderme lo que enunciaba. 
Estoy escupiendo, vomitando, evacuando y execrando sin filtrar, y ahora me doy cuenta que estoy siendo demasiado específica, demasiado teórica, ¿y eso qué implica? Intelectualización, otra defensa, la misma defensa de siempre, el mismo recurso. Me río, sonrío, porque soy así, porque opero así, y no importa cuanta funcionalidad logre adquirir con el tiempo, cuánto intente adiestrarme, es mi carácter, es mi personalidad, es mi estilo, aunque no mi destino. Habré de vérmelas con aquello que no puedo decir, con lo que no puedo evadir ni dejar de mirar, y de volver poco a poco a las palabras. Ponerle un significante a ese sentido suelto no siempre debe implicar sangre, no siempre debe devenir en desestructura, eso es lo que debo incorporar. Instaurar mis propias pausas, atar mis propios nudos, y aceptar las preguntas, asumir la falta de respuestas, o intentar escribir algunas. 

domingo, 17 de febrero de 2019

Seco

Tengo ganas de llorar, no sé por qué, aunque intenté por dias no logro rastrear un motivo o al menos un detonante. Quisiera llorar, es una sensación similar a la necesidad, porque no estoy triste, ni acongojada, ni angustiada, ni conmovida. Pero algo ineludiblemente se moviliza, revuelve, y mis ojos piden depurar.
Y mis mejillas siguen secas, sin rastros de humedad, siendo terreno fértil de un acné algo desfasado, pero la porosidad obstruida no son lágrimas, la grasitud no son lágrimas, los resos de maquillaje no son lágrimas.
Y pongo la única canción triste que escuche esta semana, intentando que entre lineas puedan abrirse camino los recuerdos, pueda evocar una cara, un nombre, un acontecimiento, pero sigo inmutable. Y no es un grito de victoria ni un canto de alegria, no me creo virtuosa de ningún modo si el cuerpo me pide romper en llanto. Porque algo sucede y no puedo percibirlo en la consciencia. Porque hay otro plano sensorial que capta algo que no logro tocar, que no logro vislumbrar, y nuevamente estoy frente a una pared que me distancia de mi propio ser, de mi propia unidad. Falsa, ya sé que no hay tal cosa como unidad, pero aunque el espejo no se  orrompa siento que algo se me escapa.
Igualmente no voy a indagar, no quiero volver a correr en espiral, no voy a volver a buscar huellas y señales, eso enferma, me enferma, y si hago tanto espamento por perderme un detalle, sería mucho peor enfermar y perder el panorama sensorio completo.
Por eso acudo a las palabras, y escribo, vomitando, descargando, aunque no sean lágrimas. Armo un dique para expresar este sentir, que no logra perforar, que no cava profundo, sino que se presenta como una novedad, como una interrupción. Y me detiene, y me interpela, pero no lastima. Y asi me siento un poco mejor, cambiando incertidumbre por símbolo, sensación por huella, dolor por belleza.
Continúo. Respiro. Vivo.

sábado, 26 de enero de 2019

Adrian Dárgelos

Tiempo récord de inspiración, de encuentro con musas. Una palabra polémica, porque las musas aludían a imágenes femeninas que acudían a brindar inspiración a los artistas, LOS, siempre hombres, siempre masculinos, porque las mujeres no podíamos ser creativas. Pero cómo aplicaría eso a una fémina inspirada? Sigue siendo musa, como una suerte de sufijo "a" sin género? Porque nunca me inspiró una mujer, o al menos no de forma directa.. 
En fin, volví porque no tenia a nadie a quien acudir, aunque tampoco estoy segura de que eso sea algo 100% veraz. En otras palabras, soy una persona que muchas veces se excede en cortesía aunque no parezca, y con eso no me refiero a que invierto demasiado tiempo pidiendo por favor o dando las gracias, sino que supongo de antemano que los demás tienen cosas mas importantes que hacer antes que escuchar mis alaridos quejumbrosos y mis problemas burgueses. Entonces, antes de avanzar, retrocedo. Hace unos años, ese paso hacia atrás, esa retirada, implicaba necesariamente un inicio de autorreproche sobre el incidente que le dió lugar al pedido auxilio, es decir, no acudir a otros derivaba en una sesión que se extendía por horas, días o semanas, de recopilación de pequeños momentos, guiños, gestos, que fundamentaban el incidente, y sobre todas las cosas, que me ponían a mi como única culpable de todos los males del mundo. Si, de todos. Y el llanto, y la oscuridad, la sangre y el insomnio se volvían mis compañeros cotidianos. 
Pero hoy, no voy a negarlo, se me hizo un agujero en el pecho. Me sentí muy frágil, muy vulnerada. Pude experimentar una catarata de bilis que me llenaba el estómago, y en cuestión de segundos quise vomitar, quise romperme el cráneo contra la pared, y al mismo tiempo llenarme de todos los tóxicos conocidos por el hombre para llenar ese hueco o drenar esa bilis. Sentí que me estaba pudriendo, que comenzaba a gangrenar mi organismo, y mientras las pulsaciones se aceleraban, la cavidad toráxica se reducía. Y aunque parezca increíble, el nivel de detalle que acá estoy volcando me queda muy corto, porque fue un golpe tan fuerte, tan avasallante, pero extrañamente evanescente. Como mencioné arriba, "cuestión de segundos" no es una metáfora. Me atravesó como una correntada de aire, con fuerza, pero intangible, invertebrada (solo los mas enfermitos entenderán la referencia), sin lesionar. Y esa es la novedad.
Revivir la experiencia de fragmentación, la volatilidad del imago, no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. Es de las sensaciones mas aterradoras y tortuosas que puede atravesar un ser social, un ser hominizado. Por eso me asuste cuando el hueco de angustia comenzó a excavarse, porque me vi por un momento de nuevo sin presente, sin futuro, enterrada en el pasado y partida en mil pedazos. Y sin buscarlo, sin mediarlo, sin simbolizarlo, levante la vista porque vino a mi mente una canción. Y comencé a sonreír. ¿QUÉ? Si, a sonreír. 
Después de sentir que me iba nuevamente hacia lo profundo del abismo, dije mis ultimas palabras, pero sin odio, sin rencor, sin esperar respuesta. Eso tendría que haber sido una señal, pero no la atendí. E inmediatamente, sonreí. Me invadió una sensación de amor, de cariño, pude sentir luz. Ni siquiera sé qué estoy escribiendo! Intentaré desarrollar la idea.. cuando estamos con los ojos cerrados en un lugar con luz, podemos percibir un telón color rojo o anaranjado, el color sigue siendo algo visual. Mi sensación no obedecía a ese orden, no es del orden de lo visual. Sino una sensación táctil. Y escribo esto y me acuerdo de lo que escribí ayer, de mi manifiesto de viernes por la tarde, y me sorprendo de que todas las piezas encajen, de estar tan sincronizada. Sentí luz cubriendo ese agujero de angustia que comenzaba a formarse. Comencé a sonreír, a pensar en momentos lindos que compartimos, a reírme "de la risa", porque si, porque la pase bien. No sé, no tengo la capacidad intelectual para odiar, para recelar, y en ese momento pensé en el verso quizás fue en la mañana en que vendados los dos descubrimos como eran las cosas y sin abrir los ojos nos teletransportamos a donde desearíamos estar que hasta este momento nunca lo entendí, o en realidad, lo entendía mal. Siempre lo interpreté como que los involucrados creaban una especie de conexión psíquica donde, a pesar de no mirarse, se encontraban en los anhelos, en los deseos, donde se veían a pesar de sus voluntades individuales, como una especie de destino ineludible. ¡Mi ciela! Hoy cobro su sentido verdadero, y más aún cuando se escucha atentamente el primer verso de la canción creo que es momento para otra bomba de humo y batirme en retirada
Por eso, me retiro, no sé por cuánto tiempo, porque si hay algo que me enseñó el camino de angustias y desazones que envolvieron mi devenir es a no formular absolutos. Los absolutos no existen, y menos cuando se trata de interacciones sociales. Por el momento sonrío, y le pongo un titulo que solo hace gracia a los involucrados, porque de eso se trato todo esto siempre. De reír, de disfrutar, de ganarle un poco de placer a esta existencia plagada de frustraciones, y donde deja de ser lindo, y donde deja de haber luz, no vale la pena abrir los ojos.  No sé si puedo considerar que aprendí algo, porque es muy probable que con los próximos repita los mismos patrones, hay cuestiones que tienen más que ver con características de la personalidad individual que no puede derrocarse. Pero tampoco sé si quiero aprender algo, o llevarme una moraleja. Solo me enorgullezco de seguir albergando dentro de mi, de mis memorias y mis sentimientos, mucho amor. No amor romántico, sino amor como contraparte del odio, de la muerte. Solo me quedan risas y monerías, chistes y cosquillas, y no estoy dispuesta a que me las arrebaten, no voy a embarrar la cancha. Te quiero siempre.  

viernes, 25 de enero de 2019

Suspiro

Ni siquiera tengo en claro por qué le puse ese titulo, fue la primera palabra que vino a mi mente. Pero si indago, si comienzo a tender hilos conductores que me acerquen a algún tipo de interpretación o relación representacional, puedo decir "unidad de medida". La durabilidad de los momentos medidas en suspiros, en bocanadas o exhalaciones de aire, me parecen dotados de una belleza que se pierde ante aquellos que no tengan los recursos simbólicos o el interés necesario para admirar las construcciones literatas que invaden la vida cotidiana. Porque estando en un crucero, en la cima de una montaña, atravesando el mar, o en un colectivo sin aire acondicionado atravesando el conurbano bonaerense, las palabras, las metáforas, nos atraviesan, y le dan una capa de purpurina a la realidad. Si, a la realidad, al constructo, al artificio, a lo subjetivo.
Ahora, por ejemplo, no siento el dedo pulgar de la mano izquierda. Yo sé que no tengo ninguna patología o incapacidad que le dé fundamento. Y es ese cosquilleo el que me trae a escribir. Porque, aunque no logre descifrar el motivo, puedo arriesgarme a creer que hay algo del orden de la palabra que me obtura el tacto en esa zona. No estoy segura de que en estos casos pueda aplicarse una lógica del tipo causa-efecto, pero me basta con emplear la correlación, o al menos me brinda la excusa justa para ponerme frente a la pantalla y despedir letra tras letra.
Hace un tiempo siento que estoy en una suerte de túnel, en un término medio, en una latitud lindera, y si bien desde que tengo memoria estoy a la espera del futuro o de lo que vendrá, ahora me siento más cerca que antes. Lo próximo no se siente tan lejano, y esta bien utilizada la palabra, "sentir", porque obedece más a un orden de la sensación, de lo sensible del cuerpo en términos de tacto que de una visión o visualización. Porque de frente todo sigue nublado, fuera de foco, pero hay algo distinto en lo químico, en lo corporal, que me lleva a una expectativa ansiosa, una forma de experimentar el día tras día que dista mucho de la angustia desprendida de lo desconocido que me invadía hasta hace un tiempo.
Esto no quita el hecho de que haya patrones alrededor que se repitan, que haya lagrimas que se derramen, que se me cierre la garganta y que la indignación o cinismo me encuentren en algunos pasajes. Pero obedecen a la dinámica propia de lo social, al encuentro de las subjetividades, de las concepciones distintas del mundo que chocan, como olas que llegan a tierra firme. Por ahora, me sorprendo, no salen de ahí. De una dimensión de lo inmediato y lo momentáneo que no cala hondo, que no hiere, no lacera, sino que puede representarse con el impacto de la lluvia en la piel, cambia la temperatura de la superficie, despierta una serie de acciones que componen un esquema de reacción adecuada, pero que una vez que nos coloquemos bajo un techo y sequemos con un paño seco, deja de ser un problema como tal.
Poniendo el punto y aparte del párrafo anterior acabo de darme cuenta de la metáfora que empleo, de la situación que atravieso. Estoy hablando de pieles, de sensaciones al tacto, y no siento parte de la mano izquierda. Es gracioso y curioso porque a este punto no puedo discriminar qué le dió origen a qué, si el entumecimiento de mi mano es epifenómeno de una corriente representacional que se vuelca en estas lineas, o es la causa del despliegue de palabras que estoy encausando. De un modo u otro, a diferencia de otros momentos de mi vida, no me quiero detener a hacer genealogías, y ese es precisamente el punto al que quería llegar con todo este relato coherente o incoherente.
Arribé a un momento (la palabra clave) en que no quiero detenerme si eso significa seguir mirando atrás. No quiero convertir mi vida, mi paso por la mortalidad, en la constante construcción de la genealogía de mis actos, de los actos, de sus actos. Porque ni siquiera se trata de historizar, ni de brindar sentidos nuevos, era una constante revisión de cadenas que llevaran a un punto arbitrario y descontextualizado colocado como origen. No puedo prestarme a ese juego. No es mi lugar, no es mi tarea. Cada paso hacia atrás es una oportunidad desperdiciada de ir hacia adelante, valga la redundancia, pero si se invierten casi 5 lustros en eso, lo que se desperdicia es una vida entera. Por eso ya no me tomo licencias para indagar, ni para interrogar sobre cuestiones momentáneas. No todo tiene un sentido oculto, poético o enigmático. La mayoría del tiempo corremos, tropezamos y caemos sin que eso signifique nada más que el acto de dar un paso en falso. Y creo fervientemente que todos tenemos derecho a trastabillar, a no encajar, a discentir, y por eso no intento descifrarte, no intento dialogar, no quiero interpelarte. Los sentidos que le adjudique en ese momento me los guardo para mi, suspiro y continuo, porque detenerse por nimiedades es lo que nos vuelve enfermos.