sábado, 26 de enero de 2019

Adrian Dárgelos

Tiempo récord de inspiración, de encuentro con musas. Una palabra polémica, porque las musas aludían a imágenes femeninas que acudían a brindar inspiración a los artistas, LOS, siempre hombres, siempre masculinos, porque las mujeres no podíamos ser creativas. Pero cómo aplicaría eso a una fémina inspirada? Sigue siendo musa, como una suerte de sufijo "a" sin género? Porque nunca me inspiró una mujer, o al menos no de forma directa.. 
En fin, volví porque no tenia a nadie a quien acudir, aunque tampoco estoy segura de que eso sea algo 100% veraz. En otras palabras, soy una persona que muchas veces se excede en cortesía aunque no parezca, y con eso no me refiero a que invierto demasiado tiempo pidiendo por favor o dando las gracias, sino que supongo de antemano que los demás tienen cosas mas importantes que hacer antes que escuchar mis alaridos quejumbrosos y mis problemas burgueses. Entonces, antes de avanzar, retrocedo. Hace unos años, ese paso hacia atrás, esa retirada, implicaba necesariamente un inicio de autorreproche sobre el incidente que le dió lugar al pedido auxilio, es decir, no acudir a otros derivaba en una sesión que se extendía por horas, días o semanas, de recopilación de pequeños momentos, guiños, gestos, que fundamentaban el incidente, y sobre todas las cosas, que me ponían a mi como única culpable de todos los males del mundo. Si, de todos. Y el llanto, y la oscuridad, la sangre y el insomnio se volvían mis compañeros cotidianos. 
Pero hoy, no voy a negarlo, se me hizo un agujero en el pecho. Me sentí muy frágil, muy vulnerada. Pude experimentar una catarata de bilis que me llenaba el estómago, y en cuestión de segundos quise vomitar, quise romperme el cráneo contra la pared, y al mismo tiempo llenarme de todos los tóxicos conocidos por el hombre para llenar ese hueco o drenar esa bilis. Sentí que me estaba pudriendo, que comenzaba a gangrenar mi organismo, y mientras las pulsaciones se aceleraban, la cavidad toráxica se reducía. Y aunque parezca increíble, el nivel de detalle que acá estoy volcando me queda muy corto, porque fue un golpe tan fuerte, tan avasallante, pero extrañamente evanescente. Como mencioné arriba, "cuestión de segundos" no es una metáfora. Me atravesó como una correntada de aire, con fuerza, pero intangible, invertebrada (solo los mas enfermitos entenderán la referencia), sin lesionar. Y esa es la novedad.
Revivir la experiencia de fragmentación, la volatilidad del imago, no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. Es de las sensaciones mas aterradoras y tortuosas que puede atravesar un ser social, un ser hominizado. Por eso me asuste cuando el hueco de angustia comenzó a excavarse, porque me vi por un momento de nuevo sin presente, sin futuro, enterrada en el pasado y partida en mil pedazos. Y sin buscarlo, sin mediarlo, sin simbolizarlo, levante la vista porque vino a mi mente una canción. Y comencé a sonreír. ¿QUÉ? Si, a sonreír. 
Después de sentir que me iba nuevamente hacia lo profundo del abismo, dije mis ultimas palabras, pero sin odio, sin rencor, sin esperar respuesta. Eso tendría que haber sido una señal, pero no la atendí. E inmediatamente, sonreí. Me invadió una sensación de amor, de cariño, pude sentir luz. Ni siquiera sé qué estoy escribiendo! Intentaré desarrollar la idea.. cuando estamos con los ojos cerrados en un lugar con luz, podemos percibir un telón color rojo o anaranjado, el color sigue siendo algo visual. Mi sensación no obedecía a ese orden, no es del orden de lo visual. Sino una sensación táctil. Y escribo esto y me acuerdo de lo que escribí ayer, de mi manifiesto de viernes por la tarde, y me sorprendo de que todas las piezas encajen, de estar tan sincronizada. Sentí luz cubriendo ese agujero de angustia que comenzaba a formarse. Comencé a sonreír, a pensar en momentos lindos que compartimos, a reírme "de la risa", porque si, porque la pase bien. No sé, no tengo la capacidad intelectual para odiar, para recelar, y en ese momento pensé en el verso quizás fue en la mañana en que vendados los dos descubrimos como eran las cosas y sin abrir los ojos nos teletransportamos a donde desearíamos estar que hasta este momento nunca lo entendí, o en realidad, lo entendía mal. Siempre lo interpreté como que los involucrados creaban una especie de conexión psíquica donde, a pesar de no mirarse, se encontraban en los anhelos, en los deseos, donde se veían a pesar de sus voluntades individuales, como una especie de destino ineludible. ¡Mi ciela! Hoy cobro su sentido verdadero, y más aún cuando se escucha atentamente el primer verso de la canción creo que es momento para otra bomba de humo y batirme en retirada
Por eso, me retiro, no sé por cuánto tiempo, porque si hay algo que me enseñó el camino de angustias y desazones que envolvieron mi devenir es a no formular absolutos. Los absolutos no existen, y menos cuando se trata de interacciones sociales. Por el momento sonrío, y le pongo un titulo que solo hace gracia a los involucrados, porque de eso se trato todo esto siempre. De reír, de disfrutar, de ganarle un poco de placer a esta existencia plagada de frustraciones, y donde deja de ser lindo, y donde deja de haber luz, no vale la pena abrir los ojos.  No sé si puedo considerar que aprendí algo, porque es muy probable que con los próximos repita los mismos patrones, hay cuestiones que tienen más que ver con características de la personalidad individual que no puede derrocarse. Pero tampoco sé si quiero aprender algo, o llevarme una moraleja. Solo me enorgullezco de seguir albergando dentro de mi, de mis memorias y mis sentimientos, mucho amor. No amor romántico, sino amor como contraparte del odio, de la muerte. Solo me quedan risas y monerías, chistes y cosquillas, y no estoy dispuesta a que me las arrebaten, no voy a embarrar la cancha. Te quiero siempre.  

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