domingo, 17 de febrero de 2019

Seco

Tengo ganas de llorar, no sé por qué, aunque intenté por dias no logro rastrear un motivo o al menos un detonante. Quisiera llorar, es una sensación similar a la necesidad, porque no estoy triste, ni acongojada, ni angustiada, ni conmovida. Pero algo ineludiblemente se moviliza, revuelve, y mis ojos piden depurar.
Y mis mejillas siguen secas, sin rastros de humedad, siendo terreno fértil de un acné algo desfasado, pero la porosidad obstruida no son lágrimas, la grasitud no son lágrimas, los resos de maquillaje no son lágrimas.
Y pongo la única canción triste que escuche esta semana, intentando que entre lineas puedan abrirse camino los recuerdos, pueda evocar una cara, un nombre, un acontecimiento, pero sigo inmutable. Y no es un grito de victoria ni un canto de alegria, no me creo virtuosa de ningún modo si el cuerpo me pide romper en llanto. Porque algo sucede y no puedo percibirlo en la consciencia. Porque hay otro plano sensorial que capta algo que no logro tocar, que no logro vislumbrar, y nuevamente estoy frente a una pared que me distancia de mi propio ser, de mi propia unidad. Falsa, ya sé que no hay tal cosa como unidad, pero aunque el espejo no se  orrompa siento que algo se me escapa.
Igualmente no voy a indagar, no quiero volver a correr en espiral, no voy a volver a buscar huellas y señales, eso enferma, me enferma, y si hago tanto espamento por perderme un detalle, sería mucho peor enfermar y perder el panorama sensorio completo.
Por eso acudo a las palabras, y escribo, vomitando, descargando, aunque no sean lágrimas. Armo un dique para expresar este sentir, que no logra perforar, que no cava profundo, sino que se presenta como una novedad, como una interrupción. Y me detiene, y me interpela, pero no lastima. Y asi me siento un poco mejor, cambiando incertidumbre por símbolo, sensación por huella, dolor por belleza.
Continúo. Respiro. Vivo.

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