martes, 28 de mayo de 2019

Preguntas

Hace rato, no sabría explicitar cuanto, estoy rodeando la idea de sentarme a escribir. Por situaciones aleatorias, en la calle, en silencio o en la sordera que envuelven los auriculares, me encuentro en esquinas, en tramos de la tarde, en pausas de semáforos en rojo, repitiendo frases en la mente para no olvidarlas, pero tan pronto como vuelve el verde, en cuanto el engranaje retorna su andar, se esfuman. Y llego a este momento, armado, artificial, deliberado de alguna manera, en que me siento y elijo escribir, y elijo poner una pausa al trajín rutinario de mis pensamientos, de mis ideas, de mis rituales desordenados para el ojo ajeno pero tan estrictos desde mi cuerpo.
De eso hablé hace un tiempo, y creo que la única forma de contrarrestar las incertidumbres y los blancos, las amnesias cotidianas, es instaurar aquellas pausas que luego, mi psique, impone (in)oportunamente. Y pongo el "in" entre paréntesis porque no hubo nada más oportuno en estos tiempos que las pausas que me detuvieron el tiempo, que anularon el reloj, que me dejaron desnuda frente a la inminencia de mi humanidad. Porque hace poco me asumía humana, me colocaca del lado de los mortales, me erigía rota, barrada, impedida, y suponía que con eso era suficiente prevención. Pero no se puede ir contra el estilo, de formas menos angustiosas, más difíciles de pesquisar desde lo obvio, camufladas y deformadas, vuelven las negaciones. Vuelven los rodeos al vacío, vuelven las máscaras y las evasiones de la barrera. El pliegue sobre la mismidad no es casual, es una operatoria que tiene mi nombre por todos lados, escrito con tinta neón. La novedad tal vez se representa en que es solo a mis ojos invisible, o al menos soy yo la única que se hace la tonta y la deniega, y los deniego, y me deniego.
Me pongo la venda en los ojos, corro la mirada, me aparto, y de repente ese mínimo saber sobre mi goce, sobre mi deseo de sentirme portadora, me resulta extraño, eso si que nunca había pasado. Pase de la afirmación de ser todo y de no necesitar nada, a asumirme en falta, y termine negándome a mirarla, creando blancos y vacíos contingentes, el resultado siempre es el mismo: no ver la imposibilidad, negar lo inalcanzable, deslegitimar los puntos negros de sentido. Y así, con menos dolor desde lo dicho, sin lágrimas, sin gritos, sin insomnio, sin sangre, sin pesadillas, siendo totalmente funcional desde el orden externo, padezco, me enfermo, quedo invalida e inhablitada para rendir. Y lo pongo con esas palabras "para rendir" porque el vacío mas grande se me presento con un olvido que me impidió rendir un examen... o, si soy más puntillosa, dos. Y si quisiera irme más al carajo, y seguir tirando de los hilos, y seguir vislumbrando la cadena de sentidos, "el número dos", el s2, la caca, el sentido, el saber, ¿cuantos significantes pueden entrar en equivalencia? ¿Hay algo más obsesivo que eso? ¿Hay algo más histérico que intentar encarnar un caso especial? Nada que grite mi nombre más fuerte que ésto. 
Sigo estando ahí, sigue siendo mi estilo. Y juro que me sorprendo, porque cuando para mi todo se trataba de esquivar la mirada, de relativizar las circunstancias a pesar de que habían sentidos que prendían y resaltaban, fue la persona a la que más le negué su lugar la que pudo verlo claro: mi mamá, como antaño le puso las primeras palabras a ese exceso de sentido, significó mi experiencia, a pesar de que yo la subestimara y no quisiera prenderme lo que enunciaba. 
Estoy escupiendo, vomitando, evacuando y execrando sin filtrar, y ahora me doy cuenta que estoy siendo demasiado específica, demasiado teórica, ¿y eso qué implica? Intelectualización, otra defensa, la misma defensa de siempre, el mismo recurso. Me río, sonrío, porque soy así, porque opero así, y no importa cuanta funcionalidad logre adquirir con el tiempo, cuánto intente adiestrarme, es mi carácter, es mi personalidad, es mi estilo, aunque no mi destino. Habré de vérmelas con aquello que no puedo decir, con lo que no puedo evadir ni dejar de mirar, y de volver poco a poco a las palabras. Ponerle un significante a ese sentido suelto no siempre debe implicar sangre, no siempre debe devenir en desestructura, eso es lo que debo incorporar. Instaurar mis propias pausas, atar mis propios nudos, y aceptar las preguntas, asumir la falta de respuestas, o intentar escribir algunas. 

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