domingo, 23 de septiembre de 2018

Rubik

No encuentro mi lugar, ni un estado definido. No sé que música escuchar, no sé qué decir ni qué hacer. Sin confundir, no es que dejaron de existir los mandatos o los caminos del deber ser/hacer, simplemente es que ya no me pertenecen. Me cuesta entender a qué obedecen, o sentirme plasmada en eso. Nada es mío. No pertenezco a ningún lado. Es un tipo extraño de alienación.
Hace no mucho me sentía alienada, si, pero respecto de mí misma. No me sentía una con el cuerpo.. qué paradójico! Todavía así lo formulo, "el cuerpo", como una terceridad que me excede, como una ajenidad, como si existiera fuera de estas pieles, como si mi persona se tratara de una esencia, un halo, invisible, intangible, invertebrado. Es algo que sigo tratando, que sigo conciliando día a día, aceptar que me pertenezco, que esto es lo que soy.
Punto aparte, la cuestión estaba en otro sitio. Volviendo sobre mis palabras, alienada siempre estuve. Pero ahora es de otro modo, tiene otro tinte, otro color, y como todo en mi devenir, es de otro dolor. Todo me duele, todo me quema y me corta, todo deja cicatriz. Siempre lo tome como algo hasta jocoso, porque tiene un soporte en la realidad. Tengo una piel de mala calidad, de segunda, porque soy de los linajes mestizos de baja denominación. No soy tan negra como para calificar como extranjera, pero tampoco tan blanca como para pasar por nena bien. Estoy en ese medio de marrones ordinarios, y los marrones tenemos la cualidad de tomar lo peor de cada raza. En mi caso, brillo como negra pero mi piel se marca como blanca. Todo deja huella. Y es una característica tan particular e inminente que se traslada a mi psiquis, a mi alma. Todo deja un resto, cimentando un cúmulo de representaciones abultado, que cada vez cuesta más llevar a cuestas.
Y otra vez me fui por las ramas! Y no lo quiero borrar, no quiero volver con el cursor. Porque de esto se trata, porque esto me faltaba, volcar y desbarrancar. Arrollarme por los suelos, dar vueltas, marearme y volver a empezar. Porque nada es unidireccional, porque me cansé de ir hacia los sitios que creo que debo. Porque me pesa cumplir con lo que se espera de mí, porque no quiero hacerme cargo de las imágenes idealizadas, ni de las buenas ni de las malas. No es mi causa, no es mi responsabilidad darle lugar y alojar los lugares en que orbitan fantasmas ajenos. No. Ya no. Y obviamente que me equivoco, un montón! Me doy de bruces contra la pared, me rompo en mil pedazos, sangro por galones, pero en la mía, siempre conmigo. Abrazo cada parte de mi ser, y me encuentro en cada decisión que tomo, en cada impulso que me invade, en cada lágrima que cae. Soy yo, no hay nada que no lleve mi nombre. Y el problema es precisamente ese.
Lo llamo "problema" en sentido epistémico, es un problema porque no responde a nada de lo conocido, porque no se ajusta a los modelos vigentes. Es un problema porque desencaja. Desencaja con el estilo de vida que llevaba hasta el momento, desencaja con el circulo de personas que me rodeaban. Siento que estuve metida en una cápsula, en un corset, una armadura, que me armé sola vale aclararlo. Nadie me dijo que debía ser de una manera, fue producto de una ideación desesperada en busca de aceptación, creyendo que de ese modo las cosas se volverían sencillas, como si fuera la respuesta a todas mis plegarias. SPOILER: no paso. Lo escribí muchas veces, lo llore tantas otras.
En este momento es donde siento que todo, mal que mal, vuelve a su lugar. La capsula se rompió, la armadura se desencajo, el corset se descosió. Y las piezas se reorganizan, como un cubo rubik que vuelve a tener un color por cara. En ese afán de querer diversificar, relativizar, dialogar, comprender, se me borraron los limites, se difuminaron las fronteras, y el intento de ser menos estricta se tornó en vía libre para la mierda. Y si, lo digo así, MIERDA, porque nada que dañe de esa manera merece un calificativo menos execrable. Fue mierda, que me embarro y me tumbo de olor a putrefacción, que se descompone con el pasar del tiempo, si es posible apestar todavía mas.
Me anulé, me perdí entre los discursos de tolerancia literalmente. Confundiendo diversidad con maldad y oportunismo. Doy gracias a que las desgracias no duran 100 años, y que los cuerpos no lo soportan, aunque voy contando 25 no fueron todos malos. Estoy en pleno reencuentro, que bien podría calificarse como descubrimiento, pero ya no de mí, sino del ambiente, de la gente. Voy a seguir sangrando, sufriendo, porque es parte de mi esencia, morir y vivir cada día, todos los días, pero siempre es mejor encontrar la muerte abrazado a uno mismo que vivir anulado por darle el gusto a alguien más.

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