jueves, 28 de junio de 2018

Sentencia

"Estoy firmando mi sentencia de muerte con vos, otra vez (...)" asi de crudo y visceral, de desagradable fue sentirlo, expresarlo leerlo. Es que muero y vivo cada dia, cada hora, cada minuto. Entro en pausa, en lapsus de silencio, me pierdo en el correr del tiempo hallandome luego en sitios inospitos.
Y es que no tolero las murallas, los obstáculos, los impedimentos. A pesar de haber sufrido, de haber vivenciado la impotencia, la falta, la carencia, parte de mi se cree inmune, inconmovible, inapelable. Y va, y hace frente, y cae. Siempre cae. A veces creo que hasta cae con gusto, con goce del dolor, buscando insesante el punto final, la frontera, coqueteando con los límites para doler, para sangrar. Para que la ocasión haga a la excusa. Haga una de la causalidad una causa. Maquillando de azar a la intencionalidad animal.
Porque ya no me cubro de mantos de solemnidad moral, ya no me encasillo dentro de los nobles, de los puros, de los bienintencionados. Soy una y soy otra. Soy la altura y soy la tierra, soy el cielo y soy la hoguera. Soy pureza y soy carroña. Tengo el germen de la excreción, tengo el motor del dolor, solo que lo opero en la via inversa: todo apunta hacia mí.
No puedo lastimar a nadie mas que a mí misma. Y parece que no me cansa, que no me agota. Que me excita el dolor, pero no el ajeno, sino el propio. Es en el sufrimiento donde encuentro mi matriz, donde encuentro mi lugar, donde muero y resucito, donde habito, donde camino. Y asi, con la manos ensangrentadas, con los musculos cansados, me pongo en pie para tener una marca. Para dejar otra huella. Para renacer...

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