Días como este, en que me hallo ausente, en que mi mérito es transmutar oxígeno en dióxido de carbono y colocarme bajo la ducha, me sorprenden a estas alturas, no es como si me creyera un ente superior al cual las adversidades no la tocan, es suficientemente evidente que aquella aseveración, provenga de cualquier sitio, es completamente ilusoria, pero si algo hacía que mi ánimo tuviese al menos la fantasmagoría de levantarse era la sensación de que lo peor ya pasó. Lejos de mis intenciones esta el equiparar en alguna dimensión lo inerte de mi jornada con aquello, pero si de exterioridad física se trata, la expresión fue bastante parecida.
Invadida por la somnolencia, encontré cada rincón viable de convertirse en centro de mi sueño, no hallé ánimos para emprender ninguno de los planes, siquiera mi responsabilidad de sumergirme entre las letras, no pude, la fuerza vital me abandonó. Por períodos entre 15 y 40 minutos, escindí de mi consciencia, me ganó la atonía y me vi sumida ante el poder de mi inconsciente, que cada vez está menos dispuesto a renunciar al territorio que alguna vez le haya sigo ganado por la plenitud, por la felicidad. Extraño y familiar al mismo tiempo, ya que no me han de resultar desconocidos estas manifestaciones, logro contar varios días en que estas anomalías se presentaran, y la que me resulta interesante es aquella en que abro los ojos, converso con terceros, "despierto", pero tan pronto como me hallo moviendo mis músculos, gesticulando, doy cuenta que no comprendo el motivo por el cual lo hago, estoy desorientada.. todo aquello lo hacia mientras mi consciencia dormía, no habia despertado.
Extraño es que lo haya manifestado en mis propios miembros, familiar es que no era una conducta propiamente mía, era tuya. Cuántas carcajadas me he propiciado fruto de aquellos actos en que con ternura observaba del otro lado de la cama, atendiendo a cada fraseo a veces incoherente, a cada parpadear, a cada movimiento de las extremidades. Viejos tiempos.. He aqui el nudo de mi desorientación.
Mis miembros no me estan jugando una broma, ya que es todo menos jocosa la situación, pero me hallo tironeada por dos extremos tan enfrentados e inconciliables que se hace imposible tomar una determinación sin que una parte de mí se destroce. Episodios en los que solo quiero correr, correr y tocar el timbre, ver esos ojos nuevamente, acariciar ese cabello, sentir esa piel, hacer a un lado mis prejuicios y jugarme la última carta, apostar mi último billete y agotar la última bocanada de fé que tengo en aquello que prediqué el día que te vi por primera vez: Voy a ser Feliz. Y en contraparte, halos de raciocinio en que quisiera arrancar del pecho este dolor, en que me invaden imágenes mentales que revuelven mi estómago, hacen temblar mis rodillas y seducen con llevarme nuevamente hacia el rencor, hacia los deseos más viles y macabros, a cerrar las puertas definitivamente a cualquier posibilidad de reconstruirme, porque ya no soy quien solía ser, porque mucho de lo que me conformaba hoy se encuentra quebrado y difícilmente pueda restaurarse sin grietas.
Es que el tiempo no me ha ayudado, ha pasado poco quizás cronológicamente hablando, pero las agujas del reloj no han logrado jamas delimitar mi tiempo interno. Soy un ser ansioso, no quiero seguir esperando por una señal que me oriente, y paralelamente siento que es lo único que puede quitarme de este entuerto, ya no me siento en uso de mis facultades para lidiar con aquellas consecuencias. Qué más daría yo por ser una eterna creyente, una irresponsable, inimputable cuyas culpas siempre se buscan por fuera, quien responsabiliza al destino de su desdicha y busca en estrellas y santos griales los caminos a delimitar.. Pero no lo logro! Matándome está la incertidumbre, y creo que tal vez más que ello, la responsabilidad que cargaré sobre mis espaldas sea cual fuere aquel camino que tome, aquel que a fuerza de azar o de reflexión se imponga en mi porvenir, todo es producto del cansancio.. Estoy cansada de equivocarme
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