miércoles, 6 de agosto de 2014

Limbo

Una enorme parra en la que no se distingue principio de final, es una rama o son dos? Son tres? Son cuatro? Donde se distinguen los frutos del tiempo, la paciencia, la expectación tuvo su acierto, pero aún así solo se refleja un enredo. Por poco poético y cuadrado, pero necesito estructuras, necesito estabilidad, y no es azarosa en absoluto el término "necesitar", claro que no lo es. Me especializaré en analizar las elecciones de quienes se perturban, de quienes no logran reconocerse en el espejo, comprender sus elecciones, por lo tanto soy la primera en darle sentido a cada vocablo que escapa por mis labios, que se materializa en el aire y se huye de mi en ondas sonoras. "Necesitar" dejó de ser hace ya un tiempo un vocablo indiferente, lamentablemente para mis días, para mis pensamientos, para mi sueño, para mis insomnios; y es allí, es ese punto oscuro que le da sentido a esa nueva semántica la que me lleva a refugiarme en las letras, a hundirme por horas enteras sin descanso en la lectura, a querer trasladarme fuera de aquellas ruinas que despiertan tanto dolor, cual heleno frente al Parthenon hacia espacios ficticios, hacia tierras lejanas, aterradoras, busco el refugio en la fantasía, volar por fuera de mi materia para ver omnipotentemente todo, saberlo todo, porque de ese modo mis fantasmas no me tocan.. crédula!
Es lamentable como el dolor asoma a cada página, como me veo descripta en cada renglón, y aunque de seguro es el sueño de cualquier escritor que el lector sienta el dolor, la ansiedad, la locura de quien atraviesa esas aventuras de celulosa y tinta negra, a pesar de estar exteriorizando mi sentir, no le deseo a quien recorra estas marcas que se ponga mis zapatos. Hipócrita sería afirmar que no fue un sueño en algún momento determinado, pero no hoy, no ahora, y aunque no fuera una situación que le llevara a la inanimación, no me descompone las entrañas ni me impide el goce, en la soledad, en el silencio, se vuelve insoportable.
Me hallo en medio de un laberinto, en que se avanza confiado, pero que a fin de cuentas esporádicamente se tropieza con los mismos muros que se creían atravesados. Es una contrariedad, un absurdo, una ráfaga de culpas echadas hacia fuera, pero que retornan y golpean. Soy tan feliz, solo sintiendo un halo de perfume, en el contacto suave y tímido de las yemas de los dedos, lo miro y siento que puedo llegar al cielo, que las estrellas se esconden bajo sus parpados, y amo la forma circular y deformada de mi reflejo en sus ojos, como si fuera el mejor espectaculo que el hombre hubiera presenciado, una danza de fuegos artificiales y chispas de colores, el amor es real, la felicidad es real, las lágrimas enjugan mis pupilas y toso para disimularlo, porque no puede dimensionar la enormidad de mi amor, no debe ser consciente de ello siempre se torna para peor. Callar Natasha, callar, dicen que esas cosas no hace falta ponerlas en palabras, que se sienten, pero siempre te queda el beneficio de la duda, ese pequeño refugio del "Yo nunca lo dije, no crees que te lo hubiese hecho saber?". Las horas son unas zorras, que vuelan tan pronto como se expresa en voz alta el deseo de que no corran, al sentir que la eternidad existe y que debe de apropiarse de ese segundo, de ese acontecimiento, de esa unión cuasi astral de la que me fue permitido formar parte.
Y tan pronto como se ha extinguido el último vestigio de su aroma.. la mancha. Que no tarde 5min más en sonar el teléfono, que llegue el "Buen día" cada mañana, que mis ojos lean un "te extraño", que finalice cada frase con un apodo cursi porque de lo contrario vuelven los temblores, los fantasmas, las preguntas que realmente no buscan respuestas, los hilos que aún no fueron enhebrados en conclusiones suficientemente específicas, en una búsqueda interior de morbosidad que lastima, que duele, que quema la piel, y la mancha aumenta su diámentro y comienza a agrietarse, comienza a formar un cráter mientras la respiración se debilita, retornan los sueños donde reina la indiferencia y la falta de lealtad, vuelven las lágrimas tristes y la lectura conmovida.
La génesis de la contradicción es que yo no lo busqué, no quise llegar a ello, no tuve la elección de no sufrir porque no me fue permitido elegir marcharme, decidieron por mí. Pero yo sí elegí perdonar, elegí creer en mi amor, dí rienda suelta a mi convicción de que todo sería mejor, en que somos dos queriendo la felicidad compartida, en que no es casual que riamos juntos, lloremos juntos, comunicarse solo con miradas, con besos y caricias y saber exactamente en qué corriente del sentido decidimos arrojarnos. Una amiga me dijo que es cuestión de tiempo, que las fuerzas que me unen a su humanidad borrarán de mí los terrores a volver al pasado y que como fuimos dos sufrientes, somos dos quienes luchamos por permanecer unidos.
Y si ese momento no llega? Y si ni las horas ni los días compartidos me resultan suficientes? Si ni todas las pruebas de amor logran convencerme de que soy correspondida? No quisiera convertirme en una catarata de reproches y delirios paranoides, y aún así tampoco considero digno barrer todo bajo la alfombra.
Por lo pronto no queda más que esperar, que hojear un nuevo libro, esperar oir nuevamente su voz, leer sus labios mientras pronuncia un "Te Amo", cerrar los ojos cuando sus dedos rozan mis mejillas y se enredan en mi pelo, aspirar profundo su perfume y saborear su piel con la esperanza de que esta vez mis temores no ganen y que mientras dure, no se manchen los momentos felices..

PD: Una prosa execrable, pero también lo es el vómito, y tal como aquel, cumple la función de expulsar de mí la toxicidad.

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