martes, 16 de agosto de 2016

Sin remitente

No quiero, me resisto, lucho contra mis impulso pagano de expresarlo todo indiscriminadamente, pero dentro mio siento fuego, siento el ardor de lo que no pronuncio, de lo que no vuelco en palabras, siempre lo supimos, soy una persona que no experimento jamas eso de quedarse sin palabras, sin nada que decir. Siempre encontre un artificio para volcarlo todo, a modo de mecanismo que provocara la llegada a un destinatario, a un remito, a alguien a quien se anoticiara de todo lo que brota, atora, corroe y erosiona mi pequeña persona. Pero, aún, no puede decirse que haya logrado mi cometido.
Hoy, al menos, me encuentro frente a estas marcas para dedicarte algo, especialmente, aunque tengo muy claro que de seguro no te importe, por qué habria de importar ahora cuando ya no queda nada? Pero, culpable soy, no hubo momento en estos años en que no quisiera dejar una huella, no de certeza, sino al menos de interrogante, que abriera las puertas para un cambio de sentido, un cambio de rumbo, para no estar hablandole a la pared, para hallar comprensión por fuera de las fronteras de mi humanidad, y más allá de los fallidos intentos, qué puedo decir? Soy una optimista sin remedio cuando se trata de creer en los demás, eso también lo sabes, y esa también fue la razón por la que perseveré a tu lado.
Una parte de mi se arrepentirá mañana, no querre volver a recorrer estos párrafos invadida por la ignominia, por la humillación, de dedicarle otro poco más de tiempo, de palabras, a quien nunca supo atender a mis llamados, a mis pedidos, ni siquiera corresponder a mi respeto. Pero de no hacerlo, en caso de quedarme sumida en las tiniebras, en caso de ahogar estos gritos, me sentiría peor, porque el horror me asecharía entre los sueños, en la melodías de las canciones, en la fisionomía de otros hombres, en el escozor del invierno, en la humedad de la lluvia, en las letras que componen tu nombre. Temo a la falta de ligue, temo al recuerdo flotante, a la angustia no descargada, porque ello nunca descansará hasta hacerme sangrar, y realmente quisiera que, doloroso o no, este proceso termine cuanto antes, porque a pesar de todo algo noble hubo, lo hubo?
Me he figurado cientos de veces fantasmas, mitos, relatos que te rodeaban, que envolvian parte de lo que incluso yo misma querría ser colocado en un cuerpo ajeno, externo, pero que me pertenecía, o al menos eso yo creí. Creí en mucho, creí en una deidad que solo yo veía, que solo a mi se me presentara, que solo a mi concedía y complacía en sus más vanos deseos, en sus aberrantes instintos, y a cada momento de satisfacción le seguía el dolor, un dolor dulce, y el temor a perderlo todo, el temor a verme despojada de tan inmensa dulzura. Me invadía la gula, aglutinaba todo lo que me ofrecías, por miserable que fuera, porque lo queria todo, todo dentro de mi, queria que fueras una parte mia y no soltarte, y saborearte sin tapujos, sin impedimentos, sin barreras ni reglamentos, y esa gula execrable me llevó a la descomposición.
Toda esa maravilla que compraba, que devoraba, que no queria ceder, comenzo a pudrirse dentro mio, comenzó a invadirme el cuerpo, la mente, el alma. No conseguía dormir sin despertar por horribles pesadillas, no lograba pasar las horas sin convulsionar en temblores, sin desbordar en llanto, sin fantasear con el coma. Y ahi estabas vos, ofreciéndome más, o en realidad no era más, cada vez menos, pero con ello me bastaba, saborear un poco era suficiente para mantenerme cerca tuyo, siendo mi amo, mi señor, y para que no necesitara más que un poco para volverme animal, nula, para no pensar, para retrasar un poco más el sufrimiento, para tapar con arcilla los agujeros.
Pero no es novedad, es aburrido a veces tener tanto poder, y asi fue como terminé desechada. No te lo reprocho, sorprendentemente no te lo reprocho, porque a pesar de mis ansias por tenerte conmigo, otra parte de mi deseaba que te fueras, que me dejaras, que dejara de serte útil, porque ante esta gula no tenia dominio de mi y no podría alejarme por mi cuenta teniendo la minima posibilidad de seguir saboreandote.
Por eso te escribo, para decirte que no te lo reprocho. Pongo en esto todo mi sentir, que ahora es de liberación, de desintoxicación. No sé si te lo agradezco, creo que no me atrevo a tanto, pero si decir que no hay rencor. Aunque nunca lo veas, aunque nunca lo leas, aunque nunca vuelva a importarte, solo quería decir que ya está.

No hay comentarios:

Publicar un comentario