Qué? Dónde? Cuándo? Tampoco tiene sentido estar acá, estar ahora, con los dedos en las teclas, con los ojos encandilados, y la piel erizada, no tiene sentido esa potencia que me corroe, me recorre, me atraviesa y me deja agotada. Que me punza, me pincha, cosquillea y me revuelve, casi sin que oponga resistencia, casi sin que logre asimilarlo. Y es tan furioso y temeroso, y es tan odioso y entrañable. Es mi droga.
Es adictivo este sentir, esta sensación, el que ya nada importe. No hay nada delante, no hay nada detrás, no hay futuro ni pasado. No hay dolor, solo sensación, solo exaltación. Y veo como cubre, como me envuelve, como me encierra y me hunde, y solo sonrío, asintiendo, accediendo. Siento la putrefacción, la descomposición, pero el corazón me latió tan fuerte, mis maxilares nunca estuvieron tan expuestos. Que me arrase, que me anule, que me asesine y me reviva. Es mi droga.
De su parte, de otra, no lo soporto. Necesito mi dosis, necesito un proveedor, éste, aquel, el otro, me es indistinto.
Porque peor es el letargo, es el aburrimiento, es la quietud y la media. La meseta me resulta insoportable, necesito movilidad, a oscuras, a escondidas o a plena luz. No puedo permitirme caer nuevamente, no puedo permitirme la mediocridad, es mas angustiante que el dolor en si mismo. Ya no quiero prevenir, no quiero cuidar, quiero hacer y morir en acto antes que vivir eternamente protegida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario