Me tomó, me invadió, me knockeo y no pude reaccionar, ni levantarme, ni atender a las señales, porque incluso creo que no las hubo. Fue sorpresivo y a la vez tan predecible, al menos desde una perspectiva clínica, no me canso de dar vueltas, de rodear y circundar por la aridez, por la volatilidad, como si todavia hubiese algo mas que exprimir, que capitalizar, que resignificar.. Qué hay más alla del dolor?
Mas alla del punzón, del la aguja que me atraviesa el pecho, del vacío que se pone delante de mi como interrogante, como enigma, oscuridad, como acertijo indescifrable? No lo comprendo, no lo localizo, todo es difuso y se difuminan ante mi mirada las referencias, no puedo marcar, no puedo estabilizar, no me puedo orientar, se me pierden todas las puntas y quedan solo entes amorfos que danzan incesantemente a mi alrededor. Voces que pronuncian mi nombre, mis miedos, mis ansiedades, que me invitan a perderme, a abrir los brazos y entregarme a la desidia, al accionar, a dejar de mediar y librarme al sinsaber. No lo tolero.
Me cubro con los brazos, caigo en posicion fetal, canto, grito, y mientras las lágrimas humedecen mi dermis pido volver, a dónde? Al clamor, al hervor, a los vidrios empañados, a la piel erizada, al sudor y los labios sangrantes, no quiero el silencio, no quiero la calma, no quiero la introspección, no es bueno encontrarme de frente con mi reflejo, con la mismidad, con la unicidad coartada. Me falta algo, no estoy completa, y ese espacio, esa insignificancia estructural me hiere, me fractura, me hunde, es un vacio que pesa y obtura sin atender a la paradoja.
Y es ahi, es en esa nada, donde te veo, donde pido por sentirte, por tocarte, por oirte, no para que me acompañes, no para que te quedes, sino para tenerte, como quien adquiere, como quien compra, y aunque suene cruel, es que eso sos, eso fuiste. Un artificio, una figuracion, un invento, una creación que confeccionaste para mi, que encarnaste y que invitaste a que viera morir, a que observara como te llevabas su ultimo aliento, masacrandome con él, llevandote entre tus manos su fuerza vital y mi sangre, mis lágrimas y mis ilusiones.
Morimos, pero yo sigo aca, vagando, porque yo soy de carne, cargo con este cuerpo que sigue latiendo desangrado, desgarrado, intentando tapar ese hueco, luchando contra el perecer, contra el olvido, apelando a reencontrarlo en otro cuerpo, en otra voz, en otro olor, que me nombre, que me reunifique, que me reviva y de por finiquitada esta pelea...
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