miércoles, 8 de junio de 2022

Navajas

 Hace tiempo que no me pongo en contacto con mis emociones, o al menos no desde una pausa, desde un parate, hace tiempo que no me obligo a revisar en mi interior qué es lo que esta pasando, qué es lo que esta golpeteando insistentemente. Y, aunque ello no implique que mis acciones pasen desapercibidas, sin juicio previo, si es cierto que me volví bastante mecánica. Trato de enfocarme en la pragmática, sin enroscarme, sin darle manija, sin tirarle nafta al fuego, pero a veces las palabras duelen y cercenan, y te dejan en el suelo de todos modos. Aunque sea una pavada, aunque sepa de antemano que se trata de injurias, aunque reconozca que esos significantes no tienen que ver conmigo, ni con mi esencia, ni con mi posición, hieren porque las personas de quienes parten son significativas. 

No quiero ponerme en posición de víctima, porque es lo más fácil, lo que menos responsabilidad implica, es el lugar que no se pregunta, que no busca, que no explora, que no actúa, solo recibe, dolor, vulneración. No quiero, aunque tal vez lo desee, tal vez desee en el fondo ser una hoja en blanco sobre los que otros escriben lo que les place, un pedazo de arcilla sobre la que otros moldean, marcan, cortan, haciendo realidad sus fantasías a costa de mi propia integridad. Y mientras lo escribo, de algún modo tiene sentido! Aunque no tenga nada de novedoso, mi terapeuta lo debe tener anotado varias veces en mi historial, mi única amiga casi colega ya me lo dijo varias veces, por qué tenés que dejar de ser quien sos y hacer lo que querés porque a los otros les molesta? Cambian los sujetos pero vos haces siempre lo mismo, te encorsetas, te estrangulas para gustarles, para agradarles, para que te quieran, y vos qué querés? 

Ahí esta mi fantasma. LA pasajera del colectivo, LA conductora del auto, LA estudiante de psicología, LA alumna del gimnasio, LA vendedora de mostrador, LA hija, LA amiga, LA hermana, LA nieta, LA puta de turno, LA novia, LA chonga, son posiciones absolutas, letra del Otro, son ideales que a pesar de mis esfuerzos, sigo intentando encarnar, sigo intentando encajar sin importar cuánto de mi tenga que amputar, cuánta humanidad pueda perder en el camino. Lo veo, lo digo, lo declaro, pero sigo poniéndome en esos aprietos que lo único que hacen es lograr que me esconda, que me anule, y que mis puntos débiles sean vistos como pecados mortales, imperdonables, porque un ideal no falla, no erra, no flaquea, porque no es humano, porque no es de carne. Ese es el momento en que las palabras se tornan navajas que me apuñalan, me cortan, escarban en cada nervio que cruzan, mientras intento seguir en pie quedándome sin capacidad de hablar, porque es ese el objetivo, dejarme muda, porque la palabra, a diferencia de la letra, es del sujeto, y el sujeto esta barrado, no es completo como la letra del Otro. 

Paso de lo concreto a lo abstracto, y de lo abstracto a la teoría, por eso tal vez me cuesta incorporarlo, o hacerlo más operatorio. Porque el concepto lo tengo, el fantasma lo identifico, la cabra al monte tira, y mi monte desborda de leyes, reglas y letras, de imágenes, de postales congeladas, pero carece de alma. Pero no puedo cortar la soga que me lleva, arrastrándome, hacia la despersonalización, hacia el molde, hacia la nulidad, el silencio. Y aunque a veces crea que es una bendición haber desarrollado una facilidad por la interpretación, en momentos como este corre por mi mente la fantasía de lanzar una puteada, un grito, de darle un puñetazo a una pared que me reviente los nudillos, porque al menos en la marca hay sangre, y no hay nada más vivo y menos ideal que un cuerpo roto. 

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