Tal vez no sea el mejor momento, tanto cronológica como sentimentalmente, para ponerme a redactar estas líneas. Tal vez deberia esperar a que mis ojos se sequen, a que las làgrimas dejen de caer, a tener un temperamento màs neutro o un dominio de mis facultades màs asertivo, pero es que ya no soporto. No tolero ni un momento màs saber que no lo merezco, no me merezco el desprecio, no me merezco la indiferencia, no me merezco el tratamiento casi de paria del que soy objeto, porque no hay ni un solo crimen en mi haber, no hay nada reprochable. Solo, quizas, la impotencia de saberme tan vulnerable, tan endeble, tan tomada por la pasion y el afecto, que me convertí en lo que toda mi vida busqué evitar: en una víctima.
Nunca quise ser un ente pasivo, objeto de los enunciados injuriantes de los hombres, de los varones, porque de uno u otro modo y contra mi voluntad, siempre supe que era en ellos donde reposaba el poder, la valía, la legitimidad. Y si, llamenme machista o acusenme de hacerle el juego a los varones, pero hay algo que se llama pragmatismo y es hacia allí la dirección que instintivamente tomé. No sé aún si ello me benefició, todavia lo estoy decidiendo, si bien no me gné el desprecio ni la burla (al menos en mi cara) de mis coetáreos, si fui testigo y cómplice de bajezas y enunciados mínimamente cuestionables.
Y hoy después de mucho tiempo. de intentos incesantes de mantenerme al margen o de no generalizar, me veo envuelta de lleno de nuevo en mis páanicos y miedos mas profundos, se abren nuevos interrogantes e inquietudes que nunca habian cruzado por mi mente, todo tal vez impulsado por ese intento de camuflarme, de ser "uno mas" aunque no me dè el cuero, aunque me desangre y flagele con cada enunciado. Y aunque sea consciente de que no todas las personas comparten mi visión, mi perspectiva y mi moral intensamente ultrajante, aùn espero ingenuamente que alguien ahi afuera comparta al menos un poco de este dolor, tan profundo, tan incisivo, de la consciencia del daño ajeno, de la responsabilidad por la miseria intersubjetiva. Y de nuevo la pared, la nada, la soledad.
Lloro y me rompo, y de nuevo estoy partida en mil pedazos, porque estoy sola, porque no hay salida, no hay respuesta, no hay nadie que me una, no hay nadie que comprenda mi dolor. Y porque aunque haya revisaba cada minimo detalle, cada pequeño espacio, cada minúscula área, para no lastimar, para que otro no pague las consecuencias de mis fantasmas, aunque haya protegido al resto de mi suciedad, soy yo la que paga las miserias de los demàs. Es a mí a quien hacen objeto de sus frustraciones, de sus dolores, de sus asuntos no resueltos, y me hacen victima de sus indiferencias y malos tratos como si yo fuera parte responsable de su mugre, como si yo no hubiese intentado una y mil veces ir contra la mierda, como si no hubiera dado oídos, hombros, fuerza y palabras ante su desazon.
Lo más triste es, quizas, haberme dado cuenta que no se trata de merecer o no ser tratada como mierda, solo implica una cuota suficientemente buena de azar, de cruzarte en la mira de un imbécil que sepa como endulzarte para tenerte ahi, lista para lidiar con mierda que no es tuya, y ya esta. Terapia, si sos privilegiada, y sino, golpes y basura, familia amigos y cuernos, no hay mucho más que eso.
Lamentablemente mucho antes de llegar a la mitad de mi vida ya sé, casi con plena certidumbre, que no hay nada afuera para mí. Porque no importa quién soy yo, la clase de persona que soy, la clase de ética que lleve a cabo, solo importa cuan podrida tenga la mente el estúpido de turno para echarme en cara sus frustraciones, y solo por estar ahi, en frente suyo, me voy a hacer merecedora de su mierda.
Y aunque la psicóloga me quiera convencer de lo contrario, prefiero quedarme así, aburrida, célibe, amargada, pero solo por mi, con una responsabilidad plenamente mía. Prefiero llorar de soledad que soportar sobre mis hombros las inseguridad de cualquier otro imbécil.
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