Estoy en medio de una corriente, haciendo una prueba en realidad. Aunque no es algo deliberado ni voluntario, sino que de algún modo azaroso, de repente mis censuras comenzaron a ceder, y las barricadas se debilitaron lentamente, como si un campo de fuerza que me mantenía cautiva hubiera desaparecido, y en un abrir y cerrar de ojos el paradigma cambiara. Claramente no fue todo tan repentino, no fue magia, pero así se sintió básicamente porque no lo previne de modo alguno. Intención no es posibilidad, y si bien siempre he guardado cierta admiración por las personas espontáneas, o despreocupadas, en realidad, desestructuradas, nunca creí que fuera una virtud que pudiera llegar a albergar.
Ello no implica que me haya deshecho completamente de los temores o los prejuicios, que no rodean tanto a los otros sino al modo en que yo sospecho que me ven, al modo en que creo que me juzgan, a la imagen que proyecto, que cargada de buenas intenciones, igualmente siempre fue defensiva, hostil, agresiva, como si portara una verdad en mi letra, como si mi palabra fuera ley. No soy tan importante ni tan llamativa ni tan excepcional para que todos y cada uno de los otros que me cruce se fijen específicamente en mí, ni en mis miserias, ni en mis vergüenzas, no todos tienen una idea sobre cada asunto y cada ser que habita con nosotros en este ínfimo punto del universo, en este instante evanescente de existencia. No vale la pena, ni el trauma, ni la sangre ni las lagrimas algo tan fuera de mi alcance. Aún temo ser rechazada, desplazada, desatada, silenciada del discurso, pero un día me levanté y acepté que ese miedo iba a coexistir conmigo, es parte inherente de mi estructura, materia prima de mi fantasma, y que no hay otra cosa que hacer con él que controlarlo, contextualizarlo, atarlo a las circunstancias, y asumir que no tengo control (y jamás lo tendré) sobre las ideas y reacciones de otros, que los otros son independientes de mí y de las coordenadas subjetivas que me sostienen en la palabra. Que son ajenos, externos, extranjeros, son otros, no son yo, y como yo estan atravesados por sus propios fantasmas, por sus propios miedos, e incluso sus propios intereses.
Será por eso que estos últimos días lloré tanto, sufrí, me oscurecí y un poco me marchité. Me vi de frente con el (mal) trabajo de mi vida, el gran esfuerzo que invertí todos estos años para construir estos fuertes, para levantar estos muros, dejando conmigo a un grupo selecto, a quienes yo creí que debian ser incondicionales y a quienes yo les juré, como un pacto de sangre, mi lealtad eterna. Y no hablo de mi decepción romántica únicamente. Estos últimos días más que antes me dí cuenta que tengo una forma de amar que se asemeja al sostén, yo no quiero a otro somo par, lo quiero como dependiente de mí, los acuno, los abrigo, los pongo sobre mi pecho y proyecto una imagen de completud que me hace sentir perfecta, impoluta, incorruptible, y soy vista entera, sin fisuras, inquebrantable, incorruptible, en un pedestal. Aprendí a odiar ese epíteto, y creo que nunca pude conceptualizar bien el por qué. Estar blindada me hacia irrompible, pero fría, sombría, inmóvil, inhumana.
Saber no es curar. Es una frase que repetí hasta el hartazgo en los últimos meses, y es tan obvia, tan simple, pero cada vez tiene más significado, y se torna un símbolo, un hito. Porque nada carga tanto sentido como cuando se experimenta en el cuerpo, cuando la carne sucumbe, cuando se escribe con sangre el pasado para resignificarse en el futuro. Y si bien la prosa lacaniana nunca pasa desapercibida, ahora es cuando surte efecto. Intelectualización pero ya no únicamente como defensa, sino como herramienta empleada a mi favor. No más como barrera, sino como condición de correlación, de ida y vuelta entre los hilos lógicos, como andamiaje para la construcción. Es que eso soy ahora, una obra en construcción, pero ya no de muros, barricadas y fuertes, sino de estructuras abiertas, con ventanas y puertas que se abran a los otros, no para acunar ni anidar, sino para vincular. Para ser sujetos $, para estar fragmentados, pero juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario